martes, 19 de julio de 2011

IV (O más cigarro y menos prozac)

Hoy sólo quiero fumar.
Fumar tus recuerdos,
llenar mis pulmones de ellos
hasta el mareo.

Hoy quiero fumarte
hasta la última vena
hoy sólo quiero amarte.

Fumarnos en este desaliento
desagradable
que me irrita los músculos,
déjame amarte.

Hoy sólo quiero fumar,
acelerar el proceso,
mandar al diablo
al médico:
"ya no fume,
Solorio, le hace mucho mal".
¡Tu desamor me hace mal
y no por eso me prohiben mirarte!

Hoy no quiero Prozac,
sólo quiero fumar.
(Y tal vez leer un poco de Sabines,
o de alguno de mis autores que
desconoces bien).

Hoy lo que quiero es
fumar,
mientras imagino que me extrañas.
Hoy no hay Prozac.

III (No hay suicidio)

Esta noche no hablaré del suicidio
sólo escupiré cenizas de mi alma
y cómo me acuesto sobre el cielo
de lo que llamamos olvido.
O de lo que le susurro a mi espejo:
este morirme en mí,
este acabar ebrio de mi soledad
y solo con mi reflejo.

No, no hablaré del suicidio.
Gritaré el amor que terminó
entre sonidos
entre llamas
de tus miradas
entre vientos sin sentidos.

Mejor hablaré de mi
garganta alcoholizada y de mi corazón medio partido.
Hablaré de cómo acabaste
con mi cuerpo
corroído.
Mejor no hablo,
porque estas hojas te lo dirán,
estas palabras te harán
admirar la distancia.
Labio a labio.
Corazón medio partido.

II (O estamos solos.

Estamos solos
de eso se trata
la oruga de tus ojos
me lo dijo.

Estamos solos
y abatido,
como buscando piedras
en un río.

Estoy frío
y te miro
por sonidos.

Estamos solos
y no estamos.
Nos desamamos bajo el nocturno
del engaño.

Muéreme,
estamos solos.

Mi viento,
aquí,
solos,
no lo siento.

Mi bambú,
retazo del cariño,
imagen hechiza
de mi alma corrupta,
corazón de doble moral,
no estamos solos,
existes,
existo,
en este estar solo
mejor me quedo contigo.

I (O del engaño).

Te falta amor
te falta olvido,
no lo que los poetas
dicen,
el amor prohibido.

Andas por mis venas
succionando amor,
corres por mis pulmones
como el cigarro del olvido.

Y te acercas,
me acerco,
a gatas andamos
por este el andar
del engaño.
Nuestro amor no es prohibido,
desamor mío.

Soy sólo la sombra de
lo que creo que somos.
Y yo... sólo muero.
Y muero solo,
muero contigo.
Ando con tus penas en mi ombligo
como un poeta mudo
o una rosa en el
olvido.

Te falta amor,
te falta olvido.

Te falto yo.

Ya me escupí,
miré al cielo y grité:
"Ámame,
que estoy como derretido".

Tu Dios no repondió,
sólo mis cigarros y mis soledades
saben que estoy dolido
como la fría mañana
de un pueblo carcomido.

Ríete,
desamor mío,
riámonos,
que no nos queda más remedio
que este andar a ciegas
por nuestro
desamor de niños.

Y no recuerdes nada,
que la piedra de tu conciencia
no haga un pobre desaliento de tu pasado
tibio,
falto de amor,
falto de olvido.