Ojos decaídos como dos gotas de agua a punto de sucumbir,
manos extendidas gritando algo inentendible,
boca seca, aliento de post-adolescente drogado,
nariz rota, sangrando,
la sangre escarlata brillando a la luz de la luna.
Su voz; recitando una canción que le salve la vida,
su alma perforada, quemada, dañanda, cercenada,
aviolentada.
Él cierra los ojos para no ver la sangre brillar,
aguanta la respiración para no oler la droga en su boca.
Ella tiene los ojos como perlas, brillantes, increíbles,
manos de terciopelo esperando caricias,
boca suculenta cayéndole miel de los labios,
nariz de caoba, dulcísima,
sangre divina, sangre que no sangra, sangre transparente,
sangre que él podría beber.
Él cierra los ojos para mirarla,
entre las sombras, entre la gente, entre las nubes.
Él cierra los ojos para morir.
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