sábado, 2 de octubre de 2010

Nada es en vano.

A mi parecer yo no tengo facilidad para escribir cuentos, a mi parecer mi fuerte no son los cuentos, pero hice un intento, fructífero o no… un intento.

Y así, en 7 días, dios creó la Tierra, el cosmos, los planetas, las plantas, el mar y a los humanos. El mar, había gente que vivía en las playas, en las orillas del mar, parejas mutilándose a besos, niños destrozando tímpanos de madres con sus gritos, hombres violando la vista de quienes los miraban, con sus cuerpos perfectos; músculos por aquí y por allá -siempre he creído que ejercitar el cuerpo es masturbarse.

Así pasaron los días desde la creación, desde que Adán y Eva cercenaban sus cuerpos por amor. El mar no es el mismo que el de la creación, no lo es, nada, ni dios, ni el diablo, ni nosotros somos los mismos de la creación. Nosotros, los humanos, hemos destruido lo hecho por dios. Ese nuestro pobrecito dios, pero él no es tonto, en absoluto. Es más inteligente que el diablo; por eso nos da información y facilidades para acabar con nosotros mismos. Su felicidad es nuestra desdicha, nuestro dolor su orgasmo. Por eso le dio al hombre el suicidio, y lo hacemos en parte para ver y hacer reír a nuestro pobrecito dios, con tantos problemas, tantas guerras, tantos amoríos con los que tiene que terminar; llora, nunca ríe. Hay quienes se ahorcan, se mutilan los brazos, se vuelan los sesos… yo, yo sólo accionaré esta palanca y en 7 días acabaré con lo que mi pobrecito dios hizo por mí, espero se apiade de mi alma, y la risa que le cause mi suicidio me valga el paraíso.

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