miércoles, 8 de junio de 2011

Mudanza.

Me mudo a http://solosolorio.tumblr.com
twitter:
@solo_solorio.

Gracias a todos los que este año y medio estuvieron conmigo: leyendo y comentando, les debo lo que escribo, es suyo, síganme en el Tumblr.
Gracias, solitarias.
¡No te compadezcas de ti mismo! ¡Eso sólo lo hacen los mediocres!

No.

No lo sabes... no sabes lo desesperado y solo que me he sentido sin ti.

martes, 7 de junio de 2011

Un nuevo amanecer se desvanece.

Contando estrellas contra el sol infernal
todo se desvanece en este cielo otoñal
hagamos el intento de amar
contra todo, asesinar.

Asesino de flores en agosto,
entreveo tus ojos en reposo.

Espero por ti: tú, inherte.
tu cuerpo se llena de muerte,
los colores te abandonan en este momento,
¡llegarás al fin al firmamento!

Siente el peligro en mi mirada lasciva
como un mar profundo en otoño,
un daño profundo: sentencia masiva
para ti, mi retorno.

Me mantiene vivo,
en esta última hora,
no tu confusión.
que es mi ilusión,
sino tu expiación.


Asesino de flores en agosto,
entreveo tus ojos en reposo

Inesperado.

Un buen caldo de pollo caliente, humeante, poco grasoso, ininterrumpido: eso me gusta. Comerlo poco a poco, intercambiando entre arroz, pollo y caldo; eso me gusta. Sentir el calor de la commida atravezando por mi boca, pasando por mi traquea, llegar a mi estómago: no hay nada como comer. Un buen vaso de agua de jamaica, como la que le gusta tanto a Isabel, para calmar la sed. Eso me gusta, y también me gusta Isabel.

Siempre me gustó, desde que asistíamos a la preparatoria. Jugábamos a enmarcar nuestros temores entre telarañas infectadas por la vergüernza de sabernos fuera. Fuera del mundo, fuera de la misma vida, fuera de lo cotidiano. Incluso jugábamos a ser cotidianos; nos inventábamos nombres, situaciones intermitentes y reacciones catastróficas. Cuando la beso siempre acaricio su cabello, entrelazo mis dedos con las redes que cuelgan de su cabeza: eso me gusta. Sus abrazos, tan bellos y fuera de lo normal, como un oso polar trotando por las praderas de algún monte perdido entre la inmensidad de este planeta. Cuando hacemos el amor, parece que no hay mañana, ¡hacemos y deshacemos al amor a nuestro antojo! Un paseo en bicileta también me gusta, mirar a las pequeñas niñas enfundadas en vestidos blancos, rosas, azules, jugueteando por aquí y por allá, botando la pelota, girando las manos para chocarlas contras las de sus pequeñas compañeras. Contemplar el eterno retorno de la felicidad infantil: eso me gusta.

Estar con mi hermana también me gusta; mirar las fantasías que corren por esos sus ojos brillantes, por esos mares que corren sin parar. Me gusta estar con ella, reírnos de cosas absurdas, escucharla sobre lo que ocurre en su vida cotidiana: que se enojó con Angélica, que Juan se pegó en la cabeza, mientras corría tras una pelota en el receso, que su maestra la regañó por no llevar la tarea.

Aunque también me gusta estar solo, estar conmigo, ensimismarme en mis más profundos pensamientos, en mis tentanciones, en mis vicios. Pensar, por un largo rato, cómo sería si la mitad de la humanidad se muriera, dejándonos en paz a los sobrevivientes. Pensar, por ejemplo ¿por qué la gente es tan estúpida? O cosas que nadie más piensa, como la constante inconstancia en el uso de adjetivo en la poesía de Benedetti.

Todo esto ronda por mi azotea, ahora que corre la sangre por mis brazos, que veo todo nublado. Al momento de tomar la navaja, pensé en Isabel, en lo triste que se podría poner, en lo egoísta que mi acto puede verse, pero no es así, no es egoísmo, es amor, es altruismo, es necesidad. Es necesidad de estar bien. Mirando el brillo reflejado de la luna en el metal de la navaja, pensé en el cuerpo perfecto de Isabel, en cada curva, en cada vello que cubre su cuerpo, en todos y cada uno de sus poros que emanan trementina. Mi mente evocó aquella dulce mirada que depositó por primera vez en mis labios, luego de ese nuestro primer beso. También recordé la comida, a mi hermana. No me estoy arrepintiendo, ahora que los ojos se cansan y parecen cerrarce mis párpados. No. Mis manos se empapan y caen pesadas gotas escarlatas iluminadas por la luna. Eso también me gusta.

domingo, 5 de junio de 2011

Destierro.

"Lo que conoces
es tan poco
lo que conoces
de mí
lo que conoces
son mis nubes
son mis silencios
son mis gestos
lo que conoces
es la tristeza
de mi casa vista de afuera"
M.Benedetti.

Desterrada estás,
triste mariposa,
de este país
del cual ya no gozas.

Tirada, fuera de mí,
estás,
triste mariposa.

Aletea fuera de aquí,
que al verte sangran mis ojos.

Eclipsada entraste en mí,
mariposa negra.
Eclipsada sales de mí,
oruga entristecida.

Te destierro de mis llanuras,
de mis montes, de mis mares.

He dicho que tu nombre se escribe con flores.
Tú no eres flores,
las flores no son tú.
Tú nombre se escribe con la amargura de la soledad,
con el tiempo,
con la sábana de tu pasado,
con la melancolía de tu nombre.

¡Aléjate, triste mariposa,
de mi campo, de mi vista,
de mí!

Te destierro de mi casa,
mi casa triste,
azul,
alta y taciturna,
con olor a trementina,
con sabor amarillo.

Duele, mariposa,
duele mucho, sacarte de aquí,
pero es lo mejor.
Para mi arrogancia, para tu estupidez.

lunes, 23 de mayo de 2011

Intacto.

Intacto, puro, cristalino,
amor ensangrentado, 
amor profanado.

Intacta, imposible,
inalcanzable.
Mientras cae nieve en este nuestro otoño 
y nos disipamos  bajo el cielo negro 
que cubre el velo de tu engaño,
sigues 
desierta, 
como una flor sin pájaros;
inmaculada,
como un cristal sin reflejo;
vacía,
como tú sin mí.

Intacta,
sin mí,
vacía.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Recuento de daños.

Me han dicho que soy decadente. Que esa mi decadencia, aunque a veces da para buenas líneas y cosas aceptables, está desvaneciéndoce y tornándose... sí, decadente. Mi decadencia es decadente. También me han dicho que hay algo en mi de narcisismo, de egoísmo y arrogancia. Tal vez sea cierto, muy probablemente sea cierto, incluso yo lo he notado, pero ¿qué más da?
Y con riesgo a que quienes han escupido sobre mí esas aceveraciones, escribo esto, en este momento de melancolía total y de decadencia notable.

Recuento de daños.

Una rodilla deshecha;
pasa,
no importa,
no me importa,
rodillas van, rodillas vienen.

1 litro de sangre,
que corre,
y se va,
parece no volver.
Color escarlata huyendo preocupada,
desesperada,
necesariamente.
La sangre va y la sangre viene.

Una razón para vivir.
Tu lástima me lastima,
una razón para morir.
Huye, cobarde, que no te queda ningún lugar a dónde ir,
y vendrás,
¡Oh, sé que vendrás!
Con sangre en los dientes, ciega, desgarrada, drenada, casi viva,
casi muerta.
¡Oh, sé que vendrás!

Una mujer:
no es nada,
es todo,
tú no eras nada; lo eras todo.
Ni la única, ni la mejor.

jueves, 7 de abril de 2011

Me han dicho que no existe el amor...

Me han dicho que no existe el amor,
que es cosa de ayer, de los ayeres,
que ya no lo busque,
que no lo encontraré,
que alguien lo introdujo en una botella de vidrio,
lo lanzó al mar,
que ahí se perdió.

Si el amor no existe, ¿qué es esto que siento yo por ti?
¿qué es lo que me produce clavarme agujas entre las uñas
y los dedos cuando no te veo?

Me han dicho que el amor se acabó,
se extinguió,
se murió,
se agotó,
se esfumó,
que se desvaneció con los Beatles,
que se acabó con las bombas atómicas,
-o tal vez cuando dejamos de abrazar-
que no hay razón para buscarlo,
que ahora sólo queda acostarse con las mujeres
y creer en la perpetuidad del sexo.

Yo creo -no lo aseguro-
que el amor no eres tú,
tus ojos no son amor,
ni como juegas con tu cabello cuando hablas,
el amor no es tu voz al cantar una canción jamás aprendida.
-o inventada-
No, no, no.
Yo supongo -sólo supongo-
que el amor no se ha extinto,
ni muerto,
ni agotado,
ni esfumado,
ni desvanecido,
ni acabado.

-¿Vivir en un mundo donde lo natural es el odio,
te convierte en un loco, cuando amas?-

Creo en el amor, como creo en el tú y yo.

Insomnio (o de la locura alimentada por la luna)

Cierro los ojos,
luego de un día agotador y exigente,
¿qué busco?,
poder dormir.
No puedo,
y oscilo entre derecha e izquierda;
boca arriba y boca abajo.
No puedo dormir:
"¡Basta, Raúl!"
me grito desde mi consciencia.
Y estoy, en verdad, fastidiado.
Cierro los ojos y parece que han pasado horas.
-no, no tengo tanta suerte, pienso-
Sólo 2 minutos luego de zambullirme en mis más profundos pensamientos.
Así paso horas, horas y horas...

La vida con insomnio es diferente:
por la noche, con la luz apagada y la luna susurrándome
los secretos de los dioses,
con la ventana de mi cuarto abierta,
se distinguen sonidos;
los vecinos del piso de arriba llegando a su tercer orgasmo,
satisfechos,
-y yo aquí, encerrado a las cuatro de la mañana, leyendo libros de ciencias olvidadas,
preocupándome por cosas inocuas, escuchando como el mundo gira,
como duerme...-
la sirena agonizante de la patrulla, a lo lejos
-o cerca-
persiguiendo a algún desafortunado que le pareció sencillo,
o le resultó excitante,
robar un cuarto de jamón para poder comer algo en todo el día.
Los maullidos de los vigilantes del amanecer,
los guardianes de la noche y de mi insomnio.

Cada sonido es especial y emerge en el preciso instante:
es música.

Y, repentinamente, un zancudo intenta penetrarlo todo,
profanarlo todo,
todo, todo, todo...
¿qué piensa este instruso en mi cuarto,
en mi sinfonía, en mi insomnio?
¿Cree que puede llegar y deshacerlo todo, todo, todo?
Hasta que desiste, la pobrecita criatura desterrada del mismo infierno.

Y estoy solo, solo una vez más,
solo con mi insomnio.
Dan las 7 de la mañana, creo que es hora de dormir,
¿qué dicen, vigilantes del amanecer,
guardianes de mi insomnio?

-A ti, que regresaste a mí, ese mi insomnio.