domingo, 19 de diciembre de 2010

Caín, de José Saramago, en los ojos de un post-adolescente en crisis.

"Qué diablo de Dios es este que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín."

Exploración de lo mundano. Viaje (dudé en utilizar esta palabra, por los posibles malosentendidos que se pueden sucitar) introspectivo. Caín es la representación de lo humano, demasiado humano, -como diría Nietzsche- de lo cotidiano, de lo trágico, no de lo ateo, sino de la discusión que todos debemos tener con dios. Caín, el elegido por dios para ser su bufón, para que a su costa, otros se ganen el paraíso.El hermano de Abel es cada uno de nosotros que se pregunta sobre la verdadera naturaleza del supuesto "creador". Caín debería ser nuestro prototipo de religioso. No duda de lo que ve, ni del poder del señor, pero sí lo desafía, intenta sacar de él su lado obscuro. Él sabe que lo tiene, todos, incluso los dioses, tienen un lado obscuro, y otro... no tanto.
Saramago nos muestra un complemento a lo que fue su visión de la Biblia en El Evangelio Según Jesucristo, para aquí hacernos saber lo que piensa del Antiguo Testamento, y, muy a su estilo, narrarnos algunas historias que aparecen en él, teniendo como protagonista al desgraciado de Caín.
Aparece en la Torre de Babel, junto a Job, en Sodoma y Gomorra, en el desalmado sacrificio que realizaría Abraham con su hijo Isaac, a un lado del desquicidado de Noé y su familia.
Caín conoce lo que se puede llamar amor, con el cuerpo y alma de Lilith, con la cual procréa a un hijo.
La calidad para establecer diálogos entre el asesino de hermanos, y el señor dador de vida es, simplemente, formidable. En cada uno de los diálogos, hay un dejo de victoria por parte de la creación hacia el creador. A Caín no lo intimida el infinito poder de Javhé, al parece ser le gusta propiciar el conflicto a palabras.
En fin, este libro es recomendable, aunque no lo es tanto si estás en crisis espiritual, religiosa o de alguna otra índole.

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