viernes, 5 de noviembre de 2010

Felicidad.

En latín fortunatus es la voz más cercana que se encuentra a lo que es la palabra felicidad, cuyo dignificado es "colmado de bienes o de fortuna". En su esencia, esta palabra en el idioma español, es de género femenino, es decir, se antepone a ella un artículo del mismo género; "la". Es curioso como se puede descifrar el significado y el sentido de una palabra dependiendo de su género. Si la felicidad es femenina, las mujeres nos la dan.

Una de las puestas en escena más obvias sobre este concepto es el entenderla como la ausencia de dolor, como lo opuesto, el no ser infeliz. Por obvio que parezca, en realidad no lo es. Nosotros los seres humanos en nuestra finitud, e ignorancia prolongada, no sabemos que es lo que nos causa felicidad, y que es lo que nos disgusta. Sólo sentimos. No pensamos. Esto es una estupidez. Quien se haga llamar ser humano debe pasar todos y cada uno de los acaeceres de la existencia por el raciocinio, la meditación y el juicio, sino es así estaremos destinados al fracaso de nuestra especie, a llevar una existencia llena de intenso dolor y miseria.

La felicidad se encuentra en el alma, en lo más recóndito de nuestro ser. Hay dos tipos de personas en este mundo, y así mismo hay dos tipos de felicidad en el mismo:

Quienes tienen la necesidad de estar siempre acompañados de alguien, aquellos que no pueden vivir solos, que nunca escuchan el correr de su sangre por las carótidas, quienes jamás hablan con sus pulmones. Esas personas sociales, necesitadas de alguien de su misma especie están igualemente divididas en 2 más. Seres humanos que su naturaleza les vocifera la necesidad de relacionarse siempre con otro, pero éste tiene que ser inferior a ellos, para que así su verdadero ser se presente, y aquellos cuya mejor compañía es la de alguien a la par o -en cierta medida- mejor que ellos (en cualquier área).

Para los primeros la felicidad consiste en diversas fuentes, primero en saberse acompañados, saber que están hablando a otro par de oídos y no a su soledad, a la pared, al agua o al campanario. Pero esto les produce una felicidad a medias, ya que necesitan a alguien a quien pisotear, por eso su séquito debe ser inferior, su verdadera alegría está en la esencia de saberse superiores a los demás -aunque esto no sea cierto. Esta clase de personas son la escoria de nuestra sociedad, son las manchas negras de nuestra raza humana, su egoísmo se prolonga a lo más profundo del alma e infecta a los otros.

Quienes necesitan la cercanía de otra alma de igual o mejor cualidad que la suya encuentra -al igual que los primeros- la felicidad inmediata -y justamente por eso efímera- en la mera compañía, banal, superflua, superficial. El complemente consiste en que su cerebro se sienta atraído por "una fuerza superior" o "de igual magnitud". La eterna pugna, el eterno desafío les causa placer, los excita, los hace felices. A los seres humanos -en concreto a esta clase- la convivencia con otros seres humanos de esta estirpe los llama a "superarse" en este mundo al que solamente fuimos arrojados, sin piedad y sin razón.

Los filantrópicos ya están cubiertos, como quiera que sea, su felicidada se basa en la compañía. Para su desgracia no siempre se puede convivir con la gente.

La misantropía por muchos años se consideró como una patología psicológica, así mismo se medicaba a la gente -lo cual era una tremenda estupidez.

El segundo, y último tipo de personas son aquellas solitarias, esos barcos a la deriva sin dios ni diablo, sin día ni noche, sin compañía, las personas solitarias son lo opuesto a las que prefieren convivir. Hay una subdivisión entre estas estrellas que tintinean al son y diapasón de una canción interpretada por algún músico que no ha nacido -y con suerte no lo hará-, en un tiempo que no ha llegado, con instrumentos aún no inventados, para un público inexistente:

Estan los que buscan la soledad, de alguna u otra manera la llaman; ahuyentando a los demás, aislándose a propósito, o simplemente no hablan. Esta soledad artificial tiene una doble implicación; por una parte el buscar algo ya les produce felicidad, si lo encuentran mejor aún, serán más alegres, pero en el momento en el que se den cuenta que la soledad no es lo suyo, pasarán de este tipo de felicidad al de la convivencia con personas de su misma estirpe o mejor. La búsqueda de la soledad los hace felices, pero tú no la encuentras, la soledad y el aislamiento te hallan.

Por último los faros que se alumbran a sí mismo, esas sombras imperceptibles para los ojos humanos, los aislados, los solitarios, aquellos que caminan por un sendero iluminado mirando su sombra, observando el mundo caerse a pedazos. Los que sí están solos. Ellos que no la buscaron, sino ella los encontró. Son felices por su misma misantropía, su felicidad consiste en saberse solos contra el mundo, contradiciendo todos los acaeceres de la vida, todo a su alrededor es gris, están solos, solos, solos. Y siempre lo estarán. Ellos son los más felices sobre la tierra, no necesitan a nadie, nunca necesitaron a nadie, ni lo necesitarán. Siempre condenados a cargar sus cadenas, condenados a inyectarse el dolor de su corazón en todo su cuerpo. Su felicidad es infinita. Y ni dios se las puede quitar.

1 comentario:

  1. Puras mamadas. No se quien eres pero de seguro tu vida es miserable y siempre quieres fingir. Mejor ponte a vivir en vez de justificar que eres un pobre diablo.

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