El amor en los tiempos del cólera, obra de Gabriel García Márquez, de casi 500 hojas, es la representación, plasmada en novela, de la decadencia del autor colombiano. Se cuenta la historia del amor entre Florentino Ariza, joven trabajador de la compañía de telégrafos en Cartagena, Colombia, y Fermina Daza, mujer hermosa y de familia acomodada que llega a Cartagena con su padre. El titulo se debe a la terrible enfermedad que azotaba buena parte de Sudamérica, la cual acabó con la vida de miles de personas. El libro se divide en 6 –tediosos, innecesarios, sufribles e interminables- capítulos, en los cuales se va tejiendo y construyendo una historia amorosa entre estos dos personajes, con las habituales dificultades que toda historia de amor debe tener, como el hecho de que Fermina está casada con Juvenal Urbino, médico colombiano que se jactaba de ser, no solamente el mejor, sino el único que se podía hacer llamar con ese título, gracias a que erradicó el cólera en su pueblo. El padre de Fermina, Lorenzo Daza, la obliga a contraer nupcias con el citado médico, aquí es donde el título del libro se torna metafórico y no literal.
Habiéndose casado con él su amor con el pobre de Florentino se vio más que amenazado, se torno en un amor imposible, en una ilusión. Esta ilusión y amor da la impresión de ser unilateral, ya que Fermina hace muestras de nihilismo hacia Florentino en muchas ocasiones, dejándolo, y haciéndolo a un lado. Con este –mezquino e impreciso- informe del libro no quiero decir que se trata de una novela horizontal, cuyo tiempo es preciso y secuencial, no, al contrario, estamos ante un libro atemporal, impreciso y justamente esto hace que se presenten datos, nombres, lugares, personajes y se lleve a cabo la historia (que no se confunda esta aclaración de la morfología del libro, siendo ésta una simple acotación, y no una justificación, es decir, que este argumento se basa en la manera de contar la historia, la cual no salva al libro de ser, para mí, paupérrimo, trivial, tosco y tedioso).
Lo –único- sobresaliente de este libro es como su autor delinea con una perfección al personaje de Florentino Ariza, respetando a lo largo de los 6 capítulos su personalidad, por supuesto que se trata de toda una vida de este personaje, en la cual va ganando experiencia y, con los años se hace maduro, pero aun así es fiel a su personalidad.
Gracias al matrimonio entre Fermina y Juvenal, salen de luna de miel a muchos lugares, recorriendo el mundo y “disfrutando” el uno del otro. Mientras tanto, Florentino, ensimismado en la tristeza de haber perdido a su amada, pierde toda consciencia y se tira a la melancolía, a la nostalgia y a la desesperanza. Cabe señalar que Florentino le jura fidelidad carnal a Fermina, es decir se guardaría casto hasta el momento en que se reencuentre con ella, lo cual no lo hace, pero no por su gusto, –al principio su juramento se mantiene en pie gracias a él, después es él quien busca las relaciones sexuales- sino porque en el barco en el que iba una mujer “abusó” de él. Luego de esto se hace de una afición casi obsesiva por el sexo, guardando, mediante anotaciones, en un cuadernillo los nombres y la forma de hacer el amor de cada una de las consiguientes.
Hay una parte en el libro en la que Florentino, ya de unos 35 años, va con su madre y llora con ella al contarle del matrimonio entre su amada y Juvenal, su madre lo consuela y le dice una frase por demás lapidaria: “Sufre, hijo mío, sufre, porque estas cosas no duran para siempre”.
Y así transcurren los años, con un Florentino enamorado siempre y una Fermina casada siempre. El final de libro hace una regresión de cómo se inicia el mismo, con Florentino recostado con una joven, después de haber hecho el amor, escuchando a lo lejos las campanas de la iglesia, señalando que la manera de sonar de estas solo se deben a la muerte de alguien grande. En efecto, el velorio se trata de Juvenal, con lo cual Florentino se ilusiona nuevamente con tener, de una vez por todas, el amor, cuerpo y alma de Fermina. Ambos se aventuran en un viaje por buque en el cual, Florentino, de poco menos de 80 años, y Fermina, de unos 74, aproximadamente, por fin hacen el amor y se entregan el uno al otro, amándose.
Como ya expresé, este libro marca la insipiente decadencia del escritor, siendo este mismo una apuesta demasiado arriesgada. Carece de intriga, de un hilo que conduzca, de buena forma, la vida e historia de ambos personajes principales. Pero lo más importante, no es contemporáneo
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