Condenados a vida,
condenados a muerte,
sin nadie para siempre.
Azotados, en el suelo
nos encontramos,
llorándole a las moscas muertas
y a los perros sin hogar,
nosotros,
los sin nadie,
los solos,
los apartados.
Ahogamos nuestras lágrimas en tinas de
aceite, tomamos soda para fermentar nuestros
adentros.
Nosotros, los sin nadie,
no es que estemos tristes,
somos ignorantes de la tristeza.
Para conocer la tristeza debes
conocer la alegría,
y nosotros,
los sin nadie,
no conocemos la alegría.
Somos neutros;
ni negativos ni positivos,
ni blancos ni negros,
ni agua ni aceite,
ni cielo ni mar.
Los sin nadie cubren sus brazos siempre,
la sangre se les puede salir por los poros de la píel.
Nosotros, los sin nadie,
hacemos humo de la nada,
creamos planetas para luego destruirlos,
tomamos la sangre de las estatuas olvidadas,
no nos interesa nada...
porque nosotros, los sin nadie,
no le interesamos a nadie.
Tatuamos en los párpados de los demás,
de los alegres o de los tristes,
figuras inimaginables y cuando duermen las miramos,
nosotros, los sin nadie, no dormimos, la vida es para vivir,
no para dormir.
El insomnio es nuestra amante, el frío nuestro amigo,
la soledad nuestra esposa,
la desesperanza nuestra mejor amiga.
No hacemos el amor, deshacemos el amor,
lo destruimos; no nos busca, no nos encuentra.
No entendemos al amor, y el amor, a nosotros, los sin nadie, no nos entiende.
Vivimos mejor de noche, jugamos a cachar la luna, a empotrar viejos sentimientos olvidados,
a ahogar emociones en Vodka.
Nos burlamos de lo inmenso de Dios, de su onmipresencia, de su omnipotencia.
Nosotros, los sin nadie, estamos solos
y así moriremos.
(Y)
ResponderEliminaresta cabron