miércoles, 16 de marzo de 2011

Cuidado, Soledad.

Si es que estás sola esta noche; búscame entre tus pensamientos,
si es que estás sola, caminando, errabunda y desaparecida; mírame entre tus labios, oscilando entre el ayer y el ahora,
si hoy, que no estoy contigo, tienes necesidad de mí, de mis manos, de mi egoísmo, de mis lunas y soles, si hoy, que estoy a realidades de distancia de ti, lloras por no tenerme; implora al desierto que sea mar nuevamente.

Porque aún no nos encontramos en esta realidad, y será inútil buscarme en tus pensamientos, mirarme oscilando entre el ayer y el ahora, implorar por el eterno retorno del mar...

Tú y yo debemos encontrarnos, tal vez sea hoy, sentados en algún café del centro, tal vez en la escuela o comprando refrescos, no lo sé, pero sé que debemos, tú y yo, encontrarnos.

¿Cómo serás? ¿Despreciarás a Gabriel García Marquéz, o quizá te guste el futbol? ¿Tomarás té o café? Tengo la impresión de comenzarte a querer, mi amada extraña, tan lejana como el mañana, y tan cercana como el ahora.

¿Cantaremos juntos alguna canción olvidada, o tatuaremos pensamientos juntos? ¡Ya no puedo más con esta incentidumbre. Lo siento, soledad, alguien, en algún momento, te quitará tu puesto y será mi compañera.
¿Cómo serás, te habré ya conocido?
¡Extraña, compañera del futuro, ven!

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