lunes, 14 de marzo de 2011

El fin del mundo, y su despiadado autor japonés.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
de Haruki Murakami
Tercer libro del año

La consciencia y el subconsciente, dos mundos paralelos, el (que parece ser) mismo protagonista en ambos mundos, historias enlazadas, personas parecidas, caos, tragedias, muertes, en fin, cosas a las que Murakami nos tiene acostumbrados (lo único que faltó de su sello característico, en este libro, fue un amor que por alguna tontería, alguna estupidez se rompiera).

Por una parte tenemos El Fin Del Mundo, un poblado amurallado, perdido en el tiempo y en el espacio, (en realidad está situado en la mente, en el subconsciente del protagonista anónimo) en el que conviven bestias, sombras arrancadas de los cuerpos de sus amos y personas de todo tipo. Este es el mundo tranquilo, donde la perfección, la calma, la paz, la camaradería reinan, creando una atmósfera un tanto anómala, siniestra y perturbadora, los pobladores parecen robots sin corazón, y en realidad es justamente lo que sucede, al momento de entrar en esta ciudad amurallada uno se despide tanto de su sombra como de su corazón, la sombra te es cortada y el corazón poco a poco se desvanece... interesante.

Y, paralelamente, El despiadado país de las maravillas se desarrolla en el Tokio, en el futuro Tokio que Murakami creía sería cuando escribió esta novela (1985). Con edificios altos, luminosos, automóviles de último modelo.

Debo aclarar algo y hacer una especie de anécdota: al comenzar el libro no me esperaba que Haruki me dijera los nombres de los personajes ni mucho menos que ellos mismo lo hicieran, llegué a la página 100 y seguía sin nombres; la mitad del libro y aún nada; pero llegar hasta la 500, 600 y sin un sólo nombre, declaro, fue algo nuevo para mí.

El libro recorre ambos mundos de una manera magistral, a lo largo de sus 613 páginas, Murakami te lleva de la mano a recorrer la consciencia y el subconsciente humano. Con el sello característico de este japonés, hace una mezcla bastante intersante entre la cultura japonesa y el mundo globalizado. Anotaciones sobre Duran Duran, The Police, Bob Dylan, como siempre, la buena música está presente en las páginas de este autor.

Entre unicornios, elevadores que se demoran mucho en subir, bajar o lo que sea que estén haciendo, unas criaturas terribles, que viven en el subsuelo, debajo de Tokio, los llamados Tinieblos, todo esto combinado con Los Semióticos que son quienes se encargan de destruir la información de dicho país; ¿qué se obtiene? una espléndida novela de ciencia ficción.

Alguien en algún momento me dijo "cualquier libro te deja una enseñanza..." no recuerdo quién fue pero tiene algo de cierto, y en esta ocasión es el aceptar el destino, creas o no en él, es creer en el mismo. Aceptar tus decisiones y tus situaciones, así como lo hace -aquí escribiría el nombre de su protagonista, pero ¡como no existe!- el narrador anónimo.

Aunque, claro está, no es su mejor trabajo, no está lejana a serlo.
Vayamos a leer viejos sueños al Fin Del Mundo.

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