jueves, 9 de septiembre de 2010

XX Lager.

Siempre escribo sobre situaciones críticas, la mayoría del tiempo son pensamientos aislados, o pseudopoesía, intento vagos de cuentos, o relatos trágicos sobre -nuevamente- situaciones críticas... hoy no, hoy me retracto de eso, hoy haré algo diferente, contaré lo que siento con sus palabras, diré que me pasa sin metáforas -bueno, a lo mejor escribo una que otra-, diré lo que pasa en verdad en mi corazón, en mi mente y en mi cuerpo, a lo mejor hasta relato un día cotidiano, o mi visita a un museo el día de ayer... quien sabe.

Ayer me desperté a las 7.30 de la mañana, -como siempre que abro los ojos por primera vez después de mi sueño lo primero que observé fue el techo; blanco, un blanco que parece infinito, que de primera impresión no tiene fin, ni principio- me reincorporé de mi cama con ese edredón que la cubre con un estampado de Winnie Pooh que me gusta mucho, me estiré, aflojé -más- mis músculos, bostecé un largo rato y encendí el radio. Estaba en ibero 90.9, buena música, salí de mi cuarto, saludé a mi madre, mi padre no estaba, aún no llegaba, encendí el boiler para bañarme, regresé de esa acción y entré nuevamente a mi cuarto, puse a Blur en el estéreo, con mi ipod y me invadió una sensación de felicidad, esa felicidad que casi nunca siento, que parece que vive en mí, pero tiene miedo de salir, al ritmo de There's no other way mientras la cantaba y bailaba, tendí mi cama, ordené mis cosas en mi mochila y recordé que iría a un museo -aún no estaba decidido cual- con 4 de mis compañeras de salón, apagué el estéreo y desconecté el ipod. En el baño un soundtrack de Blur, Oasis y Gorillaz sonaba mientras me bañaba -gracias a que mi ipod tiene altavoces- me cayó shampoo en mi ojo derecho pero ni siquiera eso alteró mi estado de felicidad absoluta por el que pasaba en ese momento -y que... ¡me seguiría aún ahora!- me sequé con mi toalla favorita -una con estampado de Rugrats- regresé por donde llegué; mi cuarto, eran ya las 9 para ese entonces y necesitaba apurarme puesto la cita era a las 10 de la mañana, en el radio suena INTERPOL y la cadena de evento cíclicos para mi conveniencia sigue, su nuevo disco es bastante diferente a los otros 3, pero igual de bueno -a mi me gusta más que el Our Love To Admire- se escucha Success, canción con la que abré el LP, me hace mover mi cabeza aún mojada por la ducha que tomé, salpico mi espejo, y eso me da más ganas de agitar la cabeza y mi cabello mojado. Termina Success y comienza algo de Devo, decido que es suficiente y comienzo a vestirme, elijo lo que sea; el pantalón que sea, la playera da lo mismo, los tennis no me importan, ¿sudadera? puede hacer calor, da igual todo, en fin playera con estampado de los Sex Pistols, pantalón de mezclilla entubado, tennis negros, sudader de rayas horizontales negra y roja, no me peino; nunca lo hago, desayuno y hago un sandwich por si alguna de mis compañeras no lo hizo; lo llevo conmigo.

Metro Hidalgo 9.50, espero, espero, espero, por un momento se me olvida que se lo que espero, pero aguardo, mi celular vibra, un mensaje se retrasarían todos, -lo suponía- revibra mi móvil, llamada abrupta, como desesperada, preocupada porque tomó la línea equivocada del metro; dirección universidad.
Llega, ella, sólo ella, me reconoce, yo estaba tirado en el pasillo en dirección hacia Tasqueña, escuchaba a The Libertines, balbuceaba las canciones, agitaba la cabeza al ritmo de la guitarra y la batería, no me doy cuenta de que la gente -ni ella- me observan, me enjuician, me tachan. Se dirige a mi, porque yo también la reconocí, beso de saludo, labios secos, tenía sed, labios, ¿Qué son labios? ¿Para qué son los labios? Para intercambiar almas, para ser mas humanos. Esperamos, no estoy solo, esperamos a los demás, por un momento olvidamos que esperamos, pero aguardamos; juntos, sentados, escuchando a Bat For Lashes, balbuceo las canciones. Mi mano toca su mano; nadie se da cuenta, ninguna de las personas que pasó por enfrete de nosotros se detuvo a pensar en ello; a nadie le importa nada. Seguimos esperando y llegan las demás personas; 30 minutos después. Ahí mis dedos se despiden de su piel, no volverán a saber que es su piel.

Dirección Tasqueña; el metro, lugar mágico, lugar trágico, lugar de lugares, lugar impresionante, impresionante impresión. Andenes seguidos, sólo hay en esa línea este tipo de trenes. largo camino.escuchamos -ella y yo- a Gorillaz, a Plastilina Mosh, pongo en el ipod una canción, dice así: "[...] es tan fácil como decir que yo te gusto como tú a mí [...]" parece ser que sospecha algo; mueve la cega, dice que le gusta la canción, la canción, la canción... feliz, intuyo que descubrió el sentido de porque le puse esa canción.

Metro Tasqueña; me doy cuenta que a veces es como una niña pequeña, no se está quieta, no podemos mantenerla en un sólo lugar; explora, curiosa como la primera estrella en salir por la noche, intrigosa como el Sol al no esperar por hacer su entrada amarilla. Compran cosas; juguetes, pulseras, fumamos; nos aventamos el humo del cigarro en la cara, algo en ella me llama la atención; no es cotidiana, no es algo de todos los días, no es habitual; es amarilla, es azul, es hierba, es Sol, no es luna, no es sangre, es un diapasón, una hoja en blanco, algo en ella me atrae.

Mercado de Coyoacán; comémos, tacos campechanos, un cigarrito después; Lucky Strike, caminamos, tomamos taxi, como podemos llegamos al museo Anahuacalli; Diego Rivera, esperamos -nuevamente- ¿otro cigarro? otro cigarro, se duerme, está cansada, taciturna, decaída, tranquila. Entramos, majestuosidad, impresionante, me empapo de Rivera, en el apeido lleva la penitencia, La rivera de Diego me ahoga, salgo mojadísimo de él, me encanta, literalmente.

Camino a la escuela, trolebús; la veo distante, lejos, no le hablo.

Colonia centro; decidimos mandar al demonio nuestra clase de las 5.00 p.m., queremos cervezas; mala decisión. nos emborrachamos, el Sol del camino, el cansancio, las ganas de no querer entrar hacen de las suyas, tres XX Lager y estamos mareados, no aguantamos; revelaciones intempestivas, ella; dibitativa, nervios, no sabe si reir o llorar, no saber si abrazar por lástima o porque le lastima.

Borrachos a la escuela, taxi para no cansarnos, no llegar tarde y que no se nos baje la peda. Estoy nervioso, en mi mente canto una canción para no estar más nervioso; Time de Pink Floyd, quiero ir al baño, ya no aguanto, me bajo del taxi y no pago nada, ni un peso. Orino, entre 1 y 1.30 minutos meando. Salgo; clase de Redacción, creíamos sería Ortografía, ¡Oh sorpresa!

Me da sueño, vamos por un café, entrelaza su brazo con el mío; me pongo nervioso, sudo, quiero tomarla por la mano, no sé como. Me harto, me da sueño, me equivoco en mi clase de Ortografía; me siento como un pendejo.

Hora de salida, no me quiero ir, no quiero que se vaya. Nos vamos, despedida, la más larga de la vida, abrazo, no dejo de oler a ella.

Hoy, soy feliz.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Enamórate de mí.

Te daré Toloache; enamórate de mí,
guiaré tus ojos, bésame los párpados,
desataré tormentas en tu pecho; tóma mis manos,
te daré mi corazón; bebe mi sangre.

Cruzaré los dedos; dame de tu amor,
purificaré mi corazón; desnúdate frente a mí,
sangraré por mis ojos; muéstrame la belleza,
comeré alacranes; come de mis labios.

Haré las noches azules; haz el amor conmigo,
Pintaré tus tardes de amarillo; siente sólo conmigo.

Destruiré tus recuerdos,
amarraré mis besos a tu espalda,
cortaré mis músculos,
te daré de beber mi amor,
lloraré lágrimas rojas;
enamórate de mi.

jueves, 2 de septiembre de 2010

La araña y el colibrí.

La gárgola que cuelga de tus manos,
esa misma; la araña trepada en tus labios,
la que admiras, a la que idolatras,
aquella araña se incrusta en tus ojos;
te deja ciega.

Ciega y no ves el colibrí
que intenta beber de tus lágrimas,
aquel arácnido tejió sus enredadas telarañas
en tu corazón, en tu espalda, en tu cerebro,
destruyó tu tímpano,
impregnó de trivialidades tus pensamientos.

Y por más que aquel colibrí,
perdido colibrí,
grite tu nombre,
coma tus flores,
quiera beber de tus pupilas,
tú no lo ves,
no lo sientes,
no sangras con él,
no lo besas.

Haga lo que haga esa araña
no podrá
     -nunca-
               hacer
     -ni ser-
lo que el colibrí hace
     -y es-
la imperfección lo perfecciona,
es como lo efímero del arcoíris,
como el eclipse de luna,
igual de finito que la carne,
tan imperfecto como el camino a la perfección.
Contigo aquel colibrí perdido,
aislado,
sería como dios,
más que dios,
sería la misma vida.
Alguien leyó esto, alguien pasó sus ojos por estos signos llamados palabras, se hizo la comunicación; la comunión, y sólo dijo: eres un romántico... sólo dijo eso.

Yo, que no soy nada, me pregunto
si algún día te llegarán estas palabras.

En tanto estoy en la incertidumbre;
te veo,
te escribo,
te anhelo,
te beso en mis sueños,
te sueño despierto.

Así como hay una escalera al cielo,
espero estas líneas sean
una escalera a tu amor,
escalera al "tú y yo".

Nuestro pobrecito dios...

La cartera de dios está vacía,
dios está en bancarrota.
Apostó con el diablo todo lo que tiene, al parecer perderá;
apostó por nosotros, pero le queda la esperanza,
sabe
- o al menos cree-
que no lo haremos quedar mal.

Y nadie sabe si le estan saliendo las cosas,
sólo él,
sí, él solo.
Pobrecito de dios,
ese solitario dios,
que camina por las calles con las manos en los bolsillos;
casi resignado,
abandonado por nosotros,
y nosotros abandonados por él.

Y si pierde
-nuestro pobrecito dios-
¡desgraciados de nosotros que nos quedamos sin dios,
sin vida,
sin salvación,
y sin... paraíso!
Lo que nuestro dios apostó
¡fueron nuestras almas!
La tuya, la mía, la de aquel árabe,
la del inepto presidente que tenemos,
la de aquel magnífico pintor,
la de mi amigo el ateo,
y mi amante la agnóstica.

¿Pobrecito, nuestro dios?
¡Pobrecitos de nosotros
que ya no tenemos a quien orar
por nuestra salvación!

sábado, 28 de agosto de 2010

Rescátame.

Rescátame del abismo,
así, con luna entre tus dedos.

Agonizo,
mis pupilas se colapsan,
mis tímpanos revientan…
sangro.

Rescátame de este torbellino,
con el Sol en tus labios,
con tus besos; anestesia para el dolor de amor.

Rescátame, sálvame de este morir de amor,
de este oleaje de sangre que amenaza con matarme.

Recoge del suelo el cadáver de mi corazón,
el esqueleto de mi amor,
las cenizas de mi sangre.
Resucítame de mi muerte;
que no quiero morir.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Él y ella.

Ojos decaídos como dos gotas de agua a punto de sucumbir,
manos extendidas gritando algo inentendible,
boca seca, aliento de post-adolescente drogado,
nariz rota, sangrando,
la sangre escarlata brillando a la luz de la luna.

Su voz; recitando una canción que le salve la vida,
su alma perforada, quemada, dañanda, cercenada,
aviolentada.

Él cierra los ojos para no ver la sangre brillar,
aguanta la respiración para no oler la droga en su boca.

Ella tiene los ojos como perlas, brillantes, increíbles,
manos de terciopelo esperando caricias,
boca suculenta cayéndole miel de los labios,
nariz de caoba, dulcísima,
sangre divina, sangre que no sangra, sangre transparente,
sangre que él podría beber.

Él cierra los ojos para mirarla,
entre las sombras, entre la gente, entre las nubes.
Él cierra los ojos para morir.

No me sorprenderé.

Ojos radiantes;
el Sol
me derrite como chocolate,
manos como agua
me inunandan hasta el cuello.

Y al parecer perderé una vez más,
no me sorprende
ser el único que este allá y acá,
y ser el único que calla.

No me sorprenderé
hoy que tatúe tus suspiros en mis pulmones,
y haga mímica con tus palabras,
y ensaye nuestro primer beso.

No me dejaré sorprender
cuando hoy me tomes de la mano,
mientras caminamos en alguna calle perdida del centro,
fumando un cigarrillo,
hablándole al aire,
cantando canciones para no decir nada.

No, no me sorprenderé hoy.
Tal vez mañana sí, pero hoy no,
porque hoy tu te sorprenderás.

Leerás en mis párpados cuando cierre los ojos
las palabras que te quiero decir,
sentirás entre tus dedos mis dedos,
que, cuando camines sola,
en una calle perdida del centro,
fumando un cigarrillo;
extrañarás.

Me tendrás presente en tus dedos,
en tus ojos,
en tus labios,
en tu vientre,
en tu cabello,
en tu no saberme me tendrás presente.

Yo te tendré en mi soledad,
en mi inevitable desolación,
en mi tristeza infinita,
en mi melancolía imparable,
en mi saberme ignorado por ti;
te tendré.

Nos tendremos en nuestros pensamientos,
en el universo que se crea con cada recreación de tu figura en mi cerebro,
a la vez que tus miradas penetran en mis ojos,
esos ojos que quiero se hagan tus ojos.

Y mientras...
camino solo por alguna calle perdida del centro,
fumando un cigarrillo,
perforando a cada paso mi corazón,
destrozando mi alma,
cantando canciones a alguien que no va a mi lado,
mirando los ojos de alguien invisible.

Por ahora no me sorprendo,
sólo me siento a llorarle a aquello que grita;
mi corazón.

domingo, 15 de agosto de 2010

¡No te dejes cabrón!

¡Estoy harto de ver corrupción en todas partes, de que la extorsión sea tan cotidiana como la hora de la comida!
Harto de leer en el periódico historias de hermanos mexicanos que matan por estar en un país extraño, en una tierra que no los vio nacer, pero que a la vez -irónicamente- los mismos hermanos hacen más y más ricos a ese grupo de putos que no se ensucian sus ropitas, sus manitas con manicure recien hecho, y que todos sabemos que sin ellos -los mexicanos- , ese país inmundo, lleno de putos no sería lo que es, ese país se vendria abajo sin nosotros y todos los inmigrantes.
¡No nos dejemos por imbéciles que nos dicen que nos chinguemos, que "ni pedo así nacimos, así nos morimos"!
¡Podemos cambiar al país!
Y si tu también lo crees, no dejes que las noticias del canal de los estrellados y televisión masteca, hagan que tu pensamiento cambie, ¡Si podemos, si lo haremos, si cambiaremos el país, si mejoraremos la calidad de vida de nosotros los mexicanos!
¡Somos más nosotros los que estamos hartos de la misma situación, de la misma puta miseria en la que 50 millones de mexicanos viven, y otros tantos chingados!
¡Vamos raza de bronce!
¡Vamos mexicanos, démosle en la madre a los que por años nos han tratado -y logrado- de chingar!
¡Viva México cabrones!

lunes, 2 de agosto de 2010

"¿Qué vamos a hacer?"

Leí esto en el diario "El universal" y al igual que Ricardo Alemán, estoy en estado de shock por lo acontecido con los periodistas amenazados, asesinados, golpeados, insultados, intimidados y demás, y no es que sea la primera vez, sino que esta ocasión en verdad me asusta, me da coraje, mucho coraje:

"En poco más de tres décadas de diarismo, es la primera ocasión que el autor de este espacio emplea la primera persona del singular. La convicción y el consejo de viejos maestros enseñó que el último lugar en ser noticia son los medios y, por añadidura, los periodistas.
Y en efecto, algo grave, si no es que muy grave, está ocurriendo para que la integridad y la vida de los periodistas sea noticia, para que poderes fácticos como el crimen y el narcotráfico intenten someter a los medios, sea mediante la violencia, el dinero, el miedo o la amenaza de muerte a sus periodistas.
Me asustó, me alarmó, me indignó y me resulta intolerable —y por eso la primera del singular— la cobardía de los barones del crimen que se valen del fusil, de la privación de la libertad, del miedo y el terror para intentar callar al mensajero —a los periodistas—, y para intentar adueñarse por la fuerza del instrumento reproductor del mensaje, que son los medios.
Me asustó, alarmó, indigó y me resulta impensable el odio que decenas, centenares o miles de inquilinos de abajo —de éste y otros medios— muestran hacia los periodistas. Asusta, alarma e indignan los niveles de intolerancia, de ignorancia y estupidez que se lanzan contra los medios y los periodistas, por el hecho de pensar diferente, ser independiente, rechazar “lo políticamente correcto”. Asusta e indigna el tamaño de la ignorancia sobre el papel de los periodistas en la sociedad y sobre las reglas que regulan el periodismo.

Pero más que la cobardía de los barones del crimen y los rabiosos odios sociales hacia los periodistas, lo que más asusta, alarma, indigna y lo que resulta aun más intolerable es la apatía de los propios periodistas sobre la que puede ser la mayor crisis que vivimos desde los tiempos del partido único, las mordazas oficiales y la “prensa vendida”.

Asusta, alarma e indigna la mezquindad de muchos de los que ejercemos el periodismo como oficio, profesión o pasión —mezquindad exhibida hoy mismo en torno al secuestro de cuatro colegas—, y la incapacidad de extender la solidaridad más allá de una palmada en el hombro o una palabra de aliento; asustan —en palabras de Aguilar Camín, hace dos décadas—, “los egos robustos” que no vemos más allá que del “yoyismo” de cada quien y de cada día.

¿Qué vamos a hacer en esta ocasión? ¿Otra vez dejaremos que el olvido y el valemadrismo nos regrese al respectivo espacio de confort? ¿Otra vez hasta que gritemos de nuevo el consabido ¡basta!?... para comenzar de nuevo. De algún lugar tendrá que salir una propuesta. Ya es impostergable la organización periodística. ¿Y qué tal la Amedi, de Raúl Trejo Delarbre, como paso inicial? Es propuesta."

Espero en realidad que este problema se resuelva, confío en el poder de la palabra, en el poder del intelecto, creo que si se puede cambiar al mundo... tal vez sólo sea un idealista, pero ha habido personas que han querido y han caambiado muchas cosas muy importantes.
Buen día y gracias Ricardo Alemán por esta opinión -donde quiera que estés.