jueves, 2 de septiembre de 2010

Nuestro pobrecito dios...

La cartera de dios está vacía,
dios está en bancarrota.
Apostó con el diablo todo lo que tiene, al parecer perderá;
apostó por nosotros, pero le queda la esperanza,
sabe
- o al menos cree-
que no lo haremos quedar mal.

Y nadie sabe si le estan saliendo las cosas,
sólo él,
sí, él solo.
Pobrecito de dios,
ese solitario dios,
que camina por las calles con las manos en los bolsillos;
casi resignado,
abandonado por nosotros,
y nosotros abandonados por él.

Y si pierde
-nuestro pobrecito dios-
¡desgraciados de nosotros que nos quedamos sin dios,
sin vida,
sin salvación,
y sin... paraíso!
Lo que nuestro dios apostó
¡fueron nuestras almas!
La tuya, la mía, la de aquel árabe,
la del inepto presidente que tenemos,
la de aquel magnífico pintor,
la de mi amigo el ateo,
y mi amante la agnóstica.

¿Pobrecito, nuestro dios?
¡Pobrecitos de nosotros
que ya no tenemos a quien orar
por nuestra salvación!

No hay comentarios:

Publicar un comentario