(¿Quién soy? ¿Qué hay? Tengo un pasado, estoy teniendo un presente, ¿Tendré un futuro? ¿En verdad tuve un pasado? ¿En verdad soy único e irrepetible? ¿Habrá alguien justo en este momento, en este instante que este haciendo lo mismo que yo? Sin ataduras la vida se ve con ojos diferentes, la existencia no es la misma, el amor se siente a quemaropa, uno observa que el destino es incalculable; el destino no existe.)
Desperté. ¿Quién soy? Desperté, sigo respirando. Me lavaré las manos y salpicaré mi cara con agua fría. ¡Vaya! ¡El agua si que está fría! Pero no recuerdo ni reconozco este baño, ni este techo, ni esta toalla que acaricia mi cara. ¿Aún estaré dormida? ¡Auch! me golpeé con la puerta; siento dolor, ya desperté. Pero ayer no tomé, ayerno no fui a ninguna fiesta, ¿O si? No puedo recordar nada, dormiré un poco más, debe ser el letargo de mi cerebro para recordar las cosas y reconocerlas. Iré a la cama que está en aquella recamara. Demonios, llaman al teléfono, lo ignoraré puesto que no puedo contestar un teléfono cuyo propietario ignoro. Dormiré.
Volví a despertar, hay alguien enfrente de mi a quien no identifico... parece que hablara en un idioma que no comprendo, me comenta de un tal Hugo... "yo no conozco a ningún Hugo" le reprocho inmediatamente. Me mira con ojos de confusión "¿Cómo que no conoces a ningún Hugo? si ayer lo besabas, lo abrazabas, ¡casi te lo comes a besos!". La miro con ojos desubicación, en verdad no recuerdo al tal Hugo, y yo no besaría a alguien que no conozco. "En verdad no sé de qué ni de quién me estes hablando" añado. "¡ja ja! Siempre tan bromista Natalia, ya decía yo que estas loca, pero mejor te dejo descansar y que te repongas de la tremenda mareada que debes traer, luego paso a ver como sigues, y a ver si salimos en la noche ¿Qué te parece?". Con tal de que se largara esa estúpida le dije que si, que todo era una broma y que sabía perfectamente de lo que hablaba. Tomó sus llaves y su bolsa y se dirigió hacia la puerta, se despidió nuevamente y se apartó de mi vista.
Decidí salir lo más pronto de ese lugar, no sabía a donde ni con que pretexto, ni sabía para que ni con que dinero ni como pero necesitaba irme de ahí. Por suerte en la mesa de la cocina (la cual desde que la vi me pareció muy curiosa ya que contaba con tres patas, era de un color morado chillón y con un orificio justo enmedio para depositar la basura ahí) se encontraba un billete de $500, como esperándome, como vociferando que los tomara a los cuatro vientos. Los tomé, me vestí con lo primero que encontré en la habitación en la que me dormí; (la cual llegué a la conclusión luego de apreciar el color de las paredes verdes, el tocador de madera café, y el guardaropa, de que aquella habitación era de una mujer) un pantalón negro entubado, una playera con el logotipo de Radiohead, y unos tennis (que extrañamente me quedaron a la perfección) de choclo negros. Salí de la habitación un tanto apresurada, como si una estampida de Ñus me atacara por la espalda, revisé el refrigerador (ya que una sed me carcomía los labios y la garganta) y encontré una botella de 600 ml de coca-cola que estaba a un poco menos de la mitad de su capacidad, la tomé y la llevé conmigo. Ya en la puerta no sabía que era lo que me esperaba allá afuera (no sabía si el lugar en el que me encontraba era una casa o un condominio), un sudor frío se apoderaba de mi cuerpo, comencé a temblar y a palabrear incoherencias. De pronto recordé el nombre con el que aquella estúpida había interrumpido mi sueño; Natalia. "¿Será ese mi nombre?" me pregunté entre dientes, pero eso en ese momento no me interesó. Continué mi camino, hacia no sé qué lugar, con no sé qué pretexto, para no sé qué ni cómo, pero seguí mi camino. Salí del lugar, preferí no mirar de golpe la situación, poco a poco abrí los ojos, miré una calle que nunca había videado antes, miré personas que no reconocí pero ellos me sonreían, mis vellos se erizaron y la garganta se me secó, le dí un trago a la botella de coca-cola, como si la botella no tuviera fondo, sentía como si me estuviese tomando el mar de una bocanada, como si esa coca-cola trajera estrellas. Luego cerré la botella y la arrogé al suelo. Subitamente un deseo terrible de correr se apoderó de mi cerebro,y para cuando me di cuenta ya estaba lejos de aquella casa, corrí y corrí, hasta que uno de los tennis que hurté de aquella habitación se destrozó (ya lo veía venir puesto estaban rotos ambos), dejándome descalza (sin calcetines puesto que no hallé unos), enmedio de alguna calle solitaria, me acerqué a la banqueta para solucionar mi problema (sin saber lo que paradojicamente me esperaría), intentando arreglar mis tennis, escuché la voz perdida de alguna persona recitando:
"Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado..."
Me alegré de reconocer lo primero en el día; un poema escrito en prosa de Jaime Sabines, sin darme cuenta dejeé de tratar de arreglar mi tennis continué el poema en voz baja:
"Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote...". Volví la mirada hacia el lugar de donde intuí provenía la voz, quien recitaba de manera armoniosa aquel poema era un muchacho de altura normal, tez morena, ojos negros, cabello negro (que la oscuridad del universo envidiaría), pantalón azul entubado, tennis de bota y una camisa morada con rayas blancas. Quize ir a terminar el poema junto a él, pero la pena se apodero de mi pensamiento, los nervios (nuevamente) se comían mis palabras, el estres no me dejaba pensar. "Y ¿Qué le voy a decir?, si me pregunta por mi nombre ¿Qué le diré?" pensaba nerviosamente mientras apretaba los ojos, decidí levantarme y seguir mi camino hacia el final del mundo. Me levanté, me di la vuelta y ahí estaba él, justo frente a mi frente, respirando el mismo aire que yo, mirando su cara reflejada en mis ojos (para mi este momento duró horas, aunque en realidad no debió haber durado más de 5 segundos). "¿Me puedes dar tu hora por favor?" cariñosamente me preguntó, como su hubiera tenido miedo de que sus palabras golpearan mi alma, "no traigo reloj" le contesté, "gracias no te preocupes... ¡oh! y que buena banda traes en tu playera", esto lo dijo acompañando de una sonrisa como nunca había visto sonreir a nadie. Dejé que diera unos pasos y se alejara de ese reducido espacio que compartiamos, mi mente en ese instante pensó: "que bonito poema el que recitabas" (¡Ah! ¡Ah! por esto insisto en que el destino no existe, ¡juro que no quería decirlo, sólo lo pensé!). Él se detuvo, imaginé que sonreía, poco a poco se dio la vuelta, lo que imaginé resultó ser cierto, en su boca apareció un sonrisa como la de un niño jugando a la pelota con su padre. Se quedó un momento sin saber que decir, ni como actuar en ese momento. "Si, bellísimo, es de" "¡Jaime Sabines!" lo interrumpí drásticamente, es más creo que grité.Su mirada cambió, sus ojos parecían dos estrellas recién nacidas, su mirada parecía el primer rayo de luz del amanecer. Se acercó a mi como con el sol entre las manos, como con todas las estrellas en sus cabellos, me invitó a tomar un café que él conocía que no quedaba muy lejos de ahí, acepté (olvidé que quería correr hasta el fin del mundo), mientras llegabamos al lugar hablamos sobre muchas cosas: poetas, el cielo, la comida de un restaurante de italiano cuyo nombre no quiero recordar, museos, cigarrillos, Radiohead, la tonalidad que alcanzan los colores cuando se observan bajo el agua y cosas y situaciones triviales pero que en ese momento se volvieron fundamentales. Parecía que me formaba un nuevo presente, un presente a partir de mi mismo presente. Mientras caminabamos mi mente no dejaba de cuestionarse "¿Cómo se llama este sentir tan extraño en el cuerpo?" trataba de recordar pero siempre sin éxito, "¿Será amor? ¿Por fin estaré enamorada? no recordaba aquel sentimiento, no lo recordaba. Él parecía nervioso, dubitativo, como un fantasma, me preocupé tanto por mi, que me olvidé de él.
"Soy José y María, soy aquí y allá, soy arriba y de igual forma abajo, soy tu y soy yo, soy mar y también soy cielo, me llamo José María". Me quedé estúpida, ciega, muda, quería que el suelo se volviera mar y nadar en el, quise hablar pero su mirada penetrante sobre mis ojos y labios no me dejó en ese momento decir una sola palara, su mirada sobre mi boca, como si se estuviera preguntando "¿Qué son labios?". Así permanecí 2 horas (está bien estoy exagerando fueron no más de 5 segundos), muda, ciega, ruborizada, flotando sobre la mesa de la cafetería en la cual estábamos. "Mi nombre es Natalia" le contesté por fin sonriéndole, parecía que mis palabras escupidas le salpicaban la cara de la misma felicidad que yo sentía en ese momento. "Estoy estudiando..." y en ese momento detuve los movimientos de rotación y de traslación de nuestro plantea tierra, no podía dejar que continuara hablando y dándome información de su persona, después de que él hablara seguiría mi turno y ¿Qué le contaría?, "yo no sé ni quien soy yo, yo no se que hago aquí, ni con qué pretexto, ni para qué, ni a donde iré después de tomar este cafe contigo", no, no, no, y no, ¡no! ¡no podía dejar que eso ocurriera! Lo interrumpí: "José María preferiría que así lo dejáramos, que poco a poco nos fuesemos conociendo, sin rituales, sin kilos de información llegando a nuestros cerebros, ¿Quién sabe lo que pueda pasa? Nadie me dice que no fuiste tu el hombre que vendió al mundo... sería más divertido conocernos a partir de un cero, sin kilometros recorridos, crearnos un presente y un futuro apartir de este mismo presente, apartir de lo que no somos, de lo que nunca fuimos, pensando en lo que seremos, ¿A quién le interesa el pasado? ¡A mi no!". "Un presente y un futuro sin pasado, sin ataduras" me dijo mirando a mis ojos, acariciando mi mano derecha, sonriéndome ya que conocía la respuesta a la eterna pregunta ¿Qué son labios?
Caminamos juntos hasta el fin del mundo a que él arrojara su pasado al abismo del olvido, entregara su historia y no la volviera a conocer, caminamos de regreso, a la ciudad, sin mirar nunca atrás, nos tomamos de las manos entregando nuestros cuerpos, almas, corazones y pensamientos a un nuevo comienzo, cruzamos el umbral hacia la eternidad.
Gracias por la insipíración Srita C. Un golpe de suerte más que mortífero esta vez, ocasionó esto.
Desperté. ¿Quién soy? Desperté, sigo respirando. Me lavaré las manos y salpicaré mi cara con agua fría. ¡Vaya! ¡El agua si que está fría! Pero no recuerdo ni reconozco este baño, ni este techo, ni esta toalla que acaricia mi cara. ¿Aún estaré dormida? ¡Auch! me golpeé con la puerta; siento dolor, ya desperté. Pero ayer no tomé, ayerno no fui a ninguna fiesta, ¿O si? No puedo recordar nada, dormiré un poco más, debe ser el letargo de mi cerebro para recordar las cosas y reconocerlas. Iré a la cama que está en aquella recamara. Demonios, llaman al teléfono, lo ignoraré puesto que no puedo contestar un teléfono cuyo propietario ignoro. Dormiré.
Volví a despertar, hay alguien enfrente de mi a quien no identifico... parece que hablara en un idioma que no comprendo, me comenta de un tal Hugo... "yo no conozco a ningún Hugo" le reprocho inmediatamente. Me mira con ojos de confusión "¿Cómo que no conoces a ningún Hugo? si ayer lo besabas, lo abrazabas, ¡casi te lo comes a besos!". La miro con ojos desubicación, en verdad no recuerdo al tal Hugo, y yo no besaría a alguien que no conozco. "En verdad no sé de qué ni de quién me estes hablando" añado. "¡ja ja! Siempre tan bromista Natalia, ya decía yo que estas loca, pero mejor te dejo descansar y que te repongas de la tremenda mareada que debes traer, luego paso a ver como sigues, y a ver si salimos en la noche ¿Qué te parece?". Con tal de que se largara esa estúpida le dije que si, que todo era una broma y que sabía perfectamente de lo que hablaba. Tomó sus llaves y su bolsa y se dirigió hacia la puerta, se despidió nuevamente y se apartó de mi vista.
Decidí salir lo más pronto de ese lugar, no sabía a donde ni con que pretexto, ni sabía para que ni con que dinero ni como pero necesitaba irme de ahí. Por suerte en la mesa de la cocina (la cual desde que la vi me pareció muy curiosa ya que contaba con tres patas, era de un color morado chillón y con un orificio justo enmedio para depositar la basura ahí) se encontraba un billete de $500, como esperándome, como vociferando que los tomara a los cuatro vientos. Los tomé, me vestí con lo primero que encontré en la habitación en la que me dormí; (la cual llegué a la conclusión luego de apreciar el color de las paredes verdes, el tocador de madera café, y el guardaropa, de que aquella habitación era de una mujer) un pantalón negro entubado, una playera con el logotipo de Radiohead, y unos tennis (que extrañamente me quedaron a la perfección) de choclo negros. Salí de la habitación un tanto apresurada, como si una estampida de Ñus me atacara por la espalda, revisé el refrigerador (ya que una sed me carcomía los labios y la garganta) y encontré una botella de 600 ml de coca-cola que estaba a un poco menos de la mitad de su capacidad, la tomé y la llevé conmigo. Ya en la puerta no sabía que era lo que me esperaba allá afuera (no sabía si el lugar en el que me encontraba era una casa o un condominio), un sudor frío se apoderaba de mi cuerpo, comencé a temblar y a palabrear incoherencias. De pronto recordé el nombre con el que aquella estúpida había interrumpido mi sueño; Natalia. "¿Será ese mi nombre?" me pregunté entre dientes, pero eso en ese momento no me interesó. Continué mi camino, hacia no sé qué lugar, con no sé qué pretexto, para no sé qué ni cómo, pero seguí mi camino. Salí del lugar, preferí no mirar de golpe la situación, poco a poco abrí los ojos, miré una calle que nunca había videado antes, miré personas que no reconocí pero ellos me sonreían, mis vellos se erizaron y la garganta se me secó, le dí un trago a la botella de coca-cola, como si la botella no tuviera fondo, sentía como si me estuviese tomando el mar de una bocanada, como si esa coca-cola trajera estrellas. Luego cerré la botella y la arrogé al suelo. Subitamente un deseo terrible de correr se apoderó de mi cerebro,y para cuando me di cuenta ya estaba lejos de aquella casa, corrí y corrí, hasta que uno de los tennis que hurté de aquella habitación se destrozó (ya lo veía venir puesto estaban rotos ambos), dejándome descalza (sin calcetines puesto que no hallé unos), enmedio de alguna calle solitaria, me acerqué a la banqueta para solucionar mi problema (sin saber lo que paradojicamente me esperaría), intentando arreglar mis tennis, escuché la voz perdida de alguna persona recitando:
"Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado..."
Me alegré de reconocer lo primero en el día; un poema escrito en prosa de Jaime Sabines, sin darme cuenta dejeé de tratar de arreglar mi tennis continué el poema en voz baja:
"Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote...". Volví la mirada hacia el lugar de donde intuí provenía la voz, quien recitaba de manera armoniosa aquel poema era un muchacho de altura normal, tez morena, ojos negros, cabello negro (que la oscuridad del universo envidiaría), pantalón azul entubado, tennis de bota y una camisa morada con rayas blancas. Quize ir a terminar el poema junto a él, pero la pena se apodero de mi pensamiento, los nervios (nuevamente) se comían mis palabras, el estres no me dejaba pensar. "Y ¿Qué le voy a decir?, si me pregunta por mi nombre ¿Qué le diré?" pensaba nerviosamente mientras apretaba los ojos, decidí levantarme y seguir mi camino hacia el final del mundo. Me levanté, me di la vuelta y ahí estaba él, justo frente a mi frente, respirando el mismo aire que yo, mirando su cara reflejada en mis ojos (para mi este momento duró horas, aunque en realidad no debió haber durado más de 5 segundos). "¿Me puedes dar tu hora por favor?" cariñosamente me preguntó, como su hubiera tenido miedo de que sus palabras golpearan mi alma, "no traigo reloj" le contesté, "gracias no te preocupes... ¡oh! y que buena banda traes en tu playera", esto lo dijo acompañando de una sonrisa como nunca había visto sonreir a nadie. Dejé que diera unos pasos y se alejara de ese reducido espacio que compartiamos, mi mente en ese instante pensó: "que bonito poema el que recitabas" (¡Ah! ¡Ah! por esto insisto en que el destino no existe, ¡juro que no quería decirlo, sólo lo pensé!). Él se detuvo, imaginé que sonreía, poco a poco se dio la vuelta, lo que imaginé resultó ser cierto, en su boca apareció un sonrisa como la de un niño jugando a la pelota con su padre. Se quedó un momento sin saber que decir, ni como actuar en ese momento. "Si, bellísimo, es de" "¡Jaime Sabines!" lo interrumpí drásticamente, es más creo que grité.Su mirada cambió, sus ojos parecían dos estrellas recién nacidas, su mirada parecía el primer rayo de luz del amanecer. Se acercó a mi como con el sol entre las manos, como con todas las estrellas en sus cabellos, me invitó a tomar un café que él conocía que no quedaba muy lejos de ahí, acepté (olvidé que quería correr hasta el fin del mundo), mientras llegabamos al lugar hablamos sobre muchas cosas: poetas, el cielo, la comida de un restaurante de italiano cuyo nombre no quiero recordar, museos, cigarrillos, Radiohead, la tonalidad que alcanzan los colores cuando se observan bajo el agua y cosas y situaciones triviales pero que en ese momento se volvieron fundamentales. Parecía que me formaba un nuevo presente, un presente a partir de mi mismo presente. Mientras caminabamos mi mente no dejaba de cuestionarse "¿Cómo se llama este sentir tan extraño en el cuerpo?" trataba de recordar pero siempre sin éxito, "¿Será amor? ¿Por fin estaré enamorada? no recordaba aquel sentimiento, no lo recordaba. Él parecía nervioso, dubitativo, como un fantasma, me preocupé tanto por mi, que me olvidé de él.
"Soy José y María, soy aquí y allá, soy arriba y de igual forma abajo, soy tu y soy yo, soy mar y también soy cielo, me llamo José María". Me quedé estúpida, ciega, muda, quería que el suelo se volviera mar y nadar en el, quise hablar pero su mirada penetrante sobre mis ojos y labios no me dejó en ese momento decir una sola palara, su mirada sobre mi boca, como si se estuviera preguntando "¿Qué son labios?". Así permanecí 2 horas (está bien estoy exagerando fueron no más de 5 segundos), muda, ciega, ruborizada, flotando sobre la mesa de la cafetería en la cual estábamos. "Mi nombre es Natalia" le contesté por fin sonriéndole, parecía que mis palabras escupidas le salpicaban la cara de la misma felicidad que yo sentía en ese momento. "Estoy estudiando..." y en ese momento detuve los movimientos de rotación y de traslación de nuestro plantea tierra, no podía dejar que continuara hablando y dándome información de su persona, después de que él hablara seguiría mi turno y ¿Qué le contaría?, "yo no sé ni quien soy yo, yo no se que hago aquí, ni con qué pretexto, ni para qué, ni a donde iré después de tomar este cafe contigo", no, no, no, y no, ¡no! ¡no podía dejar que eso ocurriera! Lo interrumpí: "José María preferiría que así lo dejáramos, que poco a poco nos fuesemos conociendo, sin rituales, sin kilos de información llegando a nuestros cerebros, ¿Quién sabe lo que pueda pasa? Nadie me dice que no fuiste tu el hombre que vendió al mundo... sería más divertido conocernos a partir de un cero, sin kilometros recorridos, crearnos un presente y un futuro apartir de este mismo presente, apartir de lo que no somos, de lo que nunca fuimos, pensando en lo que seremos, ¿A quién le interesa el pasado? ¡A mi no!". "Un presente y un futuro sin pasado, sin ataduras" me dijo mirando a mis ojos, acariciando mi mano derecha, sonriéndome ya que conocía la respuesta a la eterna pregunta ¿Qué son labios?
Caminamos juntos hasta el fin del mundo a que él arrojara su pasado al abismo del olvido, entregara su historia y no la volviera a conocer, caminamos de regreso, a la ciudad, sin mirar nunca atrás, nos tomamos de las manos entregando nuestros cuerpos, almas, corazones y pensamientos a un nuevo comienzo, cruzamos el umbral hacia la eternidad.
FIN.
___________________________________________________Gracias por la insipíración Srita C. Un golpe de suerte más que mortífero esta vez, ocasionó esto.
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