miércoles, 19 de mayo de 2010

Barquitos de papel.

Una lágrima traiciona mis principios,
una lágrima avivada por la nostalgia de ti,
avivada por tu ausencia,
avivada por mi amor perpetuo.
Una lágrima me hace olvidar mis principio y en lo que creo,
y lloro el amor,
y lloro la ausencia de la luna en mi ventana,
y lloro mi soledad,
y porque no se cuando me querrás.
Una pequeña -pero mortífera- lágrima,
que derrumba mi orgullo,
que me hace pensar que estás sentada en aquella estrella,
en aquel barco a la deriva,
a la orilla de la luna,
observándome,
pensando en no sé qué cosas
con no sé qué pretextos.
Y yo...
y yo sentado llorándole al amor,
llorándole a mi amor,
fabricando barquitos de papel,
sentado en la orilla de mi ventana
mirando esa estrella solitaria,
encausando esos barquitos de papel hacia ti.
Depositando mis poemas en ellos,
pongo una vela en cada uno de ellos para alumbrar la penumbra de tu casa con su flama.
Al cabo de varios barquitos enviados a tu ventana con tu nombre,
con tus iniciales,
muchos barquitos de papel aderezados con mis poemas y con velas,
me retiro y me doy cuenta desde la orilla de mi ventana que el sol reaparece.
Quema tanto mi piel que evapora mis lágrimas.
Guardo mis hojas para no hacerte más barquitos,
ni escribirte más poesía,
no secar mis lágrimas con esas hojas y enviartelas,
sino hasta la siguiente noche.
Por ahora me iré a llorar a solas y por dentro,
llorar tu ausencia
y llorar el amor,
llorar mi amor.

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