martes, 29 de junio de 2010

El Cuarto Gran Remate de Libros en el Auditorio Nacional en los ojos de un desesperado por respuestas.

Saramago, Monsivais, Benedetti, Nietzsche, Pellicer, Montemayor, Poe, Sade, Arreola, Mistral, Fuentes, Paz, Savater, la edición del año pasado de este bien llamado "Remate de libros" me dejó con una sensación de satisfacción, de intermitencia, de felicidad, había hecho una lista de 3 libros a comprar; Reencuentro de Fred Uhlman, Páramo de sueños de Alí Chumacero y el que fuera de Lovecraft. A este Tercer Gran Remate de Libros en el Auditorio Nacional acudí acompañado, además de mi inmensa inquietud por abordar el contenido de lo que hubiera en los estantes de las diversas editoriales que presentaban los libros con los que contaban, -en aquel momento había muchas editoriales que desconocía totalmente- acompañado de la mujer que más he querido en esta vida.
Con la compañía de esta mujer -a la que le pondré un pseudónimo, un nombre apócrifo digno de alguien como ella, a la que llamaremos; Isabel- me aventuré a lo que me atrevo a llamar; mi paraiso, me precipité junto con Isabel al mundo de los libros, -¡Y de los libros baratos!- había de diversos temas, para diversos gustos, para la más variada edad, libros de materias tan específicas como la globalización en los barcos pesqueros de la parte Norte de Oriente, poemarios modernistas, o el Cantar del mío Cid. Isabel y yo entramos, y busqué en el bolsillo de mi saco de imitación de pana color negro la lista de los tres libros que quería tener en mi poder -un poemario, una novela y un libro de cuentos. Buscamos entre las más de 50 editoriales ahí presentes y por fin encontré Reencuentro, fantástico libro, ni el poemario de Chumacero, ni los cuentos de terror de Lovecraft hallé en aquella barata de libros. Isabel compró un libro para niños pequeños, que a decir verdad me agradó bastante, los dibujos estan muy bien hechos y los diálogos; concisos y penetrantes, la historia es algo burda, pero es un poco irónico aventurarme a declarar esto, ya que al mismo tiempo de ser algo burdo, toco las fibras de mi risa, produciéndome así carcajadas y sonrisas. El día terminó y con Uhlman bajo el brazo regresé a mi casa, e Isabel hizo lo mismo, esto se sucitó hace un año, pero el Gran Remate de Libros en el Auditorio Nacional se sucitó una vez más, y, aunque en esta ocasión no tuve la grata compañía de Isabel, si la tuve en mi mente gran parte de este viaje -aunque no se si en verdad utilizar esta palabra, ya que podría causar algunas inquietudes entre los que lean esto. Si fui acompañado por un hombre, un luchador, un próximo periodista, un vengador de los que no pueden hacer nada -o eso creen- por cambiar su estilo de vida, un pensador, un amigo, un hombre con el que puedo contar, ¿Su nombre? Le llamaremos Joohny. Con el disfruto de escuchar música, tal como The Who, Rage Against The Machine, Pink Floyd, The Clash y demás. En esta ocasión mi lista se compuso de Así hablaba Zaratustra, o El Anticristo de F. Nietzsche, las rimas de G. A. Bécquer, y algo de Pellicer, antes de irrumpir en el Auditorio Nacional, me percaté del hecho de que en el suelo, antes de subir las escaleras de citado recinto, se encontraban placas de oro que brillaban -algunas lo hacían, otras eran en cierta medida opacas- la primera a la que me aproximétenía el nombre grabado de Bob Dylan -¿Vaya comienzo de esta edición del remate no?- lo cual nos emocionó mucho a mi amigo y a mí. Subimos las escaleras y en los barrotes que resguardan al auditorio hallose una pancarta de tamaño mediano con una fotografía impresa en ella de la cara de Carlos Monsiváis y una leyenda bajo ella que no logro recordar, Joohny y yo sostuvimos una pequeña charla sobre el sucitado autor, lo cual exacerbó mis ganas de entrar de lleno a ese mi paraiso. La apuesta en esta ocasión de los organizadores de este remate de libros no cambió en mucho a la sucitada el año pasado; aunque hubo una mejor distribución de las editoriales, así como de los temas de los libros en sí, de esta forma no se observaba el estante de libros de medicina enfrente de una editorial cuya ocupación era esencialmente la poesía -como si pasó en la edición pasado. Hallé El mundo en los ojos de un ciego de Paco Ignacio Taibo el cual no se encontraba en mi lista premeditada, pero cuyo autor conocí hace aproximadamente un año -gracias a la brillante intervención del gobierno del Distrito Federal en el Sistema de Transporte Colectivo, Metro, para impulsar la lectura, con el programa llamado; Para leer de boleto en el metro- llamó mi atención y aún más cuando el precio de dicha joya fue de $10. Me apegué -después de este extravío- a mi lista, y así fue como llegué a Así hablaba Zaratustra de Niezsche, satisfecho por el buen control de esta nueva edición del remate de libros, la música que sonaba por altavoces y llegaba hasta mis tímpanos -The Beatles- subimos a buscar mi última adquisición; Piedra de sacrificios de Carlos Pellicer, aún no tengo palabras para describirlo, contiene el poema que hasta hoy más me ha tocado fibras en mi cuerpo deshumanizado: Oda, es su nombre.
Una vez más satisfecho por comprar libros, por empaparme de un poco más de cultura, por sacudirme en mínima parte la tremenda ignorancia que padezco. Espero hallan tenido un buen Cuarto Gran Remate de Libros en el Auditorio Nacional, porque yo si lo tuve.

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