"[...]Se va de ti mi cuerpo gota a gota [...]"
-Ausencia. Gabriela Mistral.
Una vez más me encuentro platicándole a mi pared de ti,
una vez más invocaré tu nombre desde lo prufundo de mi cama,
una vez más me recuesto esperando poder dormir
y que en la profundidad del sueño, nada me despierte si sueño que te beso.
Ahora somos como dos piedras,
ahora el alcohol no nos dice nada,
¡Ya no estaremos en aquel carrusel!
¡Tan conocido por ti y por mi!
(¿Por qué nos ha pasado esto? ¿A caso se debe a la extrema estupidez que padezco?)
¡Ay!
Ningún ser humano puede soportar tal miseria,
tal tristeza, tal impotencia de amarte...
pero no tenerte.
En sus manos planté incontables besos de chocolate,
en sus mejillas incerté las píldoras amarillas de mi felicidad,
en su corazón deposité mis más recónditas -y pocas- ganas de vivir,
en sus ojos dejé caer mis lágrimas doradas; para llorar cuando ella lo haga,
en su cintura plasmé mis manos,
en su cuello tatué mi nombre con trementina,
con miel dibujé un corazón entre sus piernas,
con arena, de playas lejanas a las que ningún hombre tendría valor para ir, escribí en su pecho la palabra; amor,
dejé mi aroma entre su cabello,
y destruí la coraza de su corazón.
(La amo, y en algún momento ella me amo.)
Y esperaré,
en lo alto de la montaña que en las noches de mayo cubre la luna,
esperaré,
sin manos,
sin labios,
sin ojos,
sin mi,
esperaré allá; en lugares donde los hombres se convierten en cobardes,
esperaré el regreso de ella, siempre bella,
resperaré su regreso;
como las flores esperan el regreso de la lluvia,
así como los buhos aguardan la llegada de la noche,
no me moveré de este;
mi sitio.
Mi soledad se calma agitando y girando el carrusel,
mi angustia la controlo contando las estrellas del manto obscuro que poco a poco cubre todo el firmamento;
la noche.
Aunque preferiría mirar este manto obscuro sólo contigo,
y seguro estoy que te sería más grato contemplar lo profundo del negro anochecer sólo conmigo.
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