Mírenla jugar con sus muñecas
mientras piensa en la sangre derramada,
escúchenla hablar con su sombra
en este momento de plena luz.
Puedes besarla en la boca,
puedes morderle el corazón,
puedes jugar con su espalda,
construir un puente entre sus senos,
puedes dibujar una línea que divida su alma de su cuerpo,
puedes comer de sus ojos,
llenar su ombligo con cerveza y beberla,
emborracharte de sus labios.
Pero no puedes ignorarla.
Intenta mirarla con los ojos cerrados
en una habitación totalmente iluminada,
prueba el sudor de su cuello
limpio, sabroso, bello, lindo.
Marca una estrella en su muñeca,
así jugará con el universo,
déjala comerse tu corazón
con un aderezo de obscuridad.
Mírala como grita a sus muñecas que dejen de sangrar,
escúchala enojarse con su sombra por no aparecer,
huele su sangre, su ausencia de sangre.
Entrégale tu corazón sin razón,
si miedo, sin titubeos, sin presión.
Entrégate tu, todo tu,
entrega tu sangre, tu ausencia de sangre.
Juega con sus muñecas,
dile que la quieres,
acéchala con tus ojos,
con tu piel, con tu nariz, con tus piedras.
Alimentala con tu sangre, con tu ausencia de sangre,
satisfácela con tu sombra, con tu luz,
cura su sed con tus labios y múerdele el corazón,
llénala de tu demencia,
pero no la ignores.
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