martes, 28 de septiembre de 2010

Obscuridad y triángulos.

Estoy perdido en un desierto, y no es la perdición,
ni la soledad lo que me agrieta el alma;
es tu ausencia.

Solo conmigo mismo,
con mi veneno, con mis cigarrillos,
con mi rodilla rota, mi droga que me calma el alma,
mi cosas de mortales que a ti ya no te interesan.

Aquí y allá, por siempre estaré solo,
-mi corazón toma la palabra-
sin ti, sin nadie, tú estarás en otras dimensiones.

Diametralmente opuesta a mí.
Llévame contigo que no quiero estar solo.
Ya no quiero esta soledad.

Quiero mi soledad contigo,
mirar a mi derecha y verte, dormida,
sentada, hablando de cosas que a nadie le improtaban; sólo a mí.

Todos nos morimos, todos los días nos morimos,
pero tú ya moriste de verdad.
Yo muero cuando veo a un niño sin padres,
muero en la mirada de ella,
muero cada vez que abrazo y la beso.
Pero tú, no tienes perdón, llevaste la broma más allá y, ¡te moriste en serio!

Tú te mueres, y yo no muero, sólo algo en mí muere.
y después de esta muerte;
no seré el mismo.

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