Fue hace mucho, pero aún lo recuerdo. En mi celular sigue marcada esta fecha. Hablaré de esto. Me hartaré de esto. Me moriré de esto. Comeré esto. Estudiaré esto.
Fue en segundo de secundaria, en un colegio de cuyo nombre no quiero acordarme, me habían expulsado de mi anterior escuela por "mala conducta". Uno cuando entra en una nueva institución educativa a esa edad lo único en lo que piensa son cosas como; "rayos, no me voy a apoder adaptar a este nuevo ambiente, "y si me tratan mal", "no me caeran bien ninguno de los de ahí", "de seguro todos son una bola de imbéciles". Más si uno proviene de un ambiente escolar donde siempre convivió solamente con hombres. Los primeros días estuve sentado en una banca en la parte trasera de aquel 201... horroroso 201 pensaba, terrible 201, temible, aplastante 201. Provocaba miedo en mí el no encajar en ese grupo de aproximadamente 35 personas, repartidos entre hombres y mujeres. En los primeros días no me preocupaba nada mas que como me mirarían las personas -eso fue perfecto ya que el superar aquel agonizante 201 supere mi miedo a no ser aceptado por las personas, supere el miedo a no ser del agrado de las demás personas, supere el poder ser yo siempre y en todo momento- y por eso me precipite a ponerme mis mejores trapos, a peinarme, a caerle bien a las personas -ahora que hablo de ello me doy cuenta de lo estúpido que uno puede ser cuando va en secundaria. Nunca había tenido novia -omitiré los detalles- y estando por primera ocasión en un colegio mixto, mi mente comenzó a sentirse insamente a gusto. Poco a poco parecía que encajaba en ese temible grupo -cabe destacar que en aquel colegio siempre alababan a nuestro salón y lo llamaban el ejemplo a seguir de disciplina y aprovechamiento (si supieran las atrocidades que ocurrían en aquella aula no se atreverían siquiera a pensar en eso)- comencé a tener amigos a los cuales en ese momento apreciaba mucho y pensé; logre encajar, tengo amigos, me invitan a jugar futbol cada ocasión que juegan, me invitan a sus casa... voy bien... ese fue el primer error -aunque más que error diría que fue el primer acierto que convertí en error- conocí a un amigo, su nombre Mauricio, alto, flaco, paulatino, inteligente, sombrío, odioso, vengativo, pese a todo... lo apreciaba y el a mi. Lamentablemente un error dentro de toda la imperfección del ser humano es no ver las cosas que se presentan desde un enfoque completo, solo se desgasta en mirar los errores de todo lo que pasa, eso fue lo que me pasó con el. Para ser sinceros, ha habido dos ocasiónes en toda mi vida en las que no me he sentido un extraño, y una de esas veces fue esta.
El y yo éramos muy amigos, nos reíamos de los mismos chistes -tratar de hacer miserable la existencia de una persona siempre nos pareció divertido- escuchábamos la misma música -alkaline trio, the used y demás gustos de secundaria- teníamos prácticamente los mismos intereses. En alguna ocasión, el me introdujo a un sector de lo más apartado en mi mente y en mis intereses, el círculo de las mujeres en el salón de clases, ese era un ambiente por demás desconocido por mi, pero acepté porque el me acompañaría y sabía que no me dejaría solo... este fue el segundo acierto que convertí en error. Entre todas las mujeres que se encontraban en el salón, a mis ojos -en un principio- no resaltaba ninguna y sentí una calma total ya que no trataría de encajar con alguna. ¡Oh sorpresa! ¡Oh agonía! No estaba dentro de mis planes lo juro. Tal vez fue mi inmadurez -que aclaro, no me eufano de ser maduro ahora- o mi necesidad de afecto alimentada por la severa crisis que mi familia ha sufrido siempre, o alimentada por los círculos de odio en los que en la mayoría del tiempo me desenvuelvo, pero desde el primer momento de aquel mes de Marzo del año 2005, te miré con mis orejas y te sentí con mis ojos. Sabía que debías ser mi novia, ser mi compañera, sabía que debías estar sentada a mi lado siempre, presentía que tu y yo duraríamos para toda la eternidad... y eso fue mucho antes de que siquiera te hubiera hablado. Quiero que quede claro que no busqué tu número en ese momento, llegó, y yo lo recibí placenteramente, ese fue un momento de tremenda precipitación hacia lo que llaman amor.
Llegó el día indicado, mis manos se precipitaban hacia el taller de blancos que se encuentra en la planta baja de la casa de mi abuela -el cual tu conocerías luego... y lo conocerías muy bien- sabía que era el momento justo, nunca había estado enamorado pero sabía que era el momento indicado, las manos -por primera vez en mi vida- me sudaban -¡Y por una mujer!- levanté la bocina del teléfono que estaba muy fría porque en ese taller hacia bastante frío, un sentir indescriptible hasta ese momento se apoderó de mi mente y cuerpo, el cual luego sabría que se llama amor. Marqué tu número, fue una espera de lo más larga entre cada número marcado, primero un 5... mis dedos no me respondían para marcar los siguientes... luego un 7, y así hasta escuchar el tono de marcando, este fue el momento más precipitado de todos, ¿Me contestarías? ¿Sabrías siquiera de mi existencia? ¿Me reconocerías? ¿De que rayos hablaríamos? ¡Por Dios teníamos apenas 14 años y me moría!... ya sentía lo que era "no morir de amor, sino morir de ti". Al final logré marcar los 8 dígitos de tu número telefónico, mi sudor se tornaba cada vez más y más frío, mis manos sudaban, un tono de marcado me separaba de escuchar tu voz, pensaba en todas las situaciones que podrían presentarse -si, desde ese momento mi personalidad se formaba en una persona que resultaría ser metódico y analítico siempre- pensaba y me imaginaba que podrías no reconocer mi voz, pensaba que tal vez no estarías en casa y levantaría la bocina una persona totalmente desconocida por mí, y eso era lo que más temor me daba... sin esperarlo mi mayor temor se hizo presente, una voz tenue, un poco apagada y paulatina, como si se encontrara en un lugar cubierto por sombras arrojó de un suspiro un "bueno" acompañado de un poco de miedo e intriga por saber quien osaba marcar a su número telefónico -nunca más volí a escuchar tu voz así y en realidad creo que ese es tu tono verdadero, tu forma de ser tan aviolentada es sólo un escudo contra todos nosotros- como yo no esperaba una respuesta tan pronta me quedé callado unos segundos, luego volví en mí, y opté por lo que en ese momento me pareció la mejor salida... colgar el teléfono y huir como un cobarde de aquella situación -en ese momento no sabía que tenías identificador de llamadas y con eso sellaría mi existencia- como todo un cobarde desistí de comunicarme contigo...
El y yo éramos muy amigos, nos reíamos de los mismos chistes -tratar de hacer miserable la existencia de una persona siempre nos pareció divertido- escuchábamos la misma música -alkaline trio, the used y demás gustos de secundaria- teníamos prácticamente los mismos intereses. En alguna ocasión, el me introdujo a un sector de lo más apartado en mi mente y en mis intereses, el círculo de las mujeres en el salón de clases, ese era un ambiente por demás desconocido por mi, pero acepté porque el me acompañaría y sabía que no me dejaría solo... este fue el segundo acierto que convertí en error. Entre todas las mujeres que se encontraban en el salón, a mis ojos -en un principio- no resaltaba ninguna y sentí una calma total ya que no trataría de encajar con alguna. ¡Oh sorpresa! ¡Oh agonía! No estaba dentro de mis planes lo juro. Tal vez fue mi inmadurez -que aclaro, no me eufano de ser maduro ahora- o mi necesidad de afecto alimentada por la severa crisis que mi familia ha sufrido siempre, o alimentada por los círculos de odio en los que en la mayoría del tiempo me desenvuelvo, pero desde el primer momento de aquel mes de Marzo del año 2005, te miré con mis orejas y te sentí con mis ojos. Sabía que debías ser mi novia, ser mi compañera, sabía que debías estar sentada a mi lado siempre, presentía que tu y yo duraríamos para toda la eternidad... y eso fue mucho antes de que siquiera te hubiera hablado. Quiero que quede claro que no busqué tu número en ese momento, llegó, y yo lo recibí placenteramente, ese fue un momento de tremenda precipitación hacia lo que llaman amor.
Llegó el día indicado, mis manos se precipitaban hacia el taller de blancos que se encuentra en la planta baja de la casa de mi abuela -el cual tu conocerías luego... y lo conocerías muy bien- sabía que era el momento justo, nunca había estado enamorado pero sabía que era el momento indicado, las manos -por primera vez en mi vida- me sudaban -¡Y por una mujer!- levanté la bocina del teléfono que estaba muy fría porque en ese taller hacia bastante frío, un sentir indescriptible hasta ese momento se apoderó de mi mente y cuerpo, el cual luego sabría que se llama amor. Marqué tu número, fue una espera de lo más larga entre cada número marcado, primero un 5... mis dedos no me respondían para marcar los siguientes... luego un 7, y así hasta escuchar el tono de marcando, este fue el momento más precipitado de todos, ¿Me contestarías? ¿Sabrías siquiera de mi existencia? ¿Me reconocerías? ¿De que rayos hablaríamos? ¡Por Dios teníamos apenas 14 años y me moría!... ya sentía lo que era "no morir de amor, sino morir de ti". Al final logré marcar los 8 dígitos de tu número telefónico, mi sudor se tornaba cada vez más y más frío, mis manos sudaban, un tono de marcado me separaba de escuchar tu voz, pensaba en todas las situaciones que podrían presentarse -si, desde ese momento mi personalidad se formaba en una persona que resultaría ser metódico y analítico siempre- pensaba y me imaginaba que podrías no reconocer mi voz, pensaba que tal vez no estarías en casa y levantaría la bocina una persona totalmente desconocida por mí, y eso era lo que más temor me daba... sin esperarlo mi mayor temor se hizo presente, una voz tenue, un poco apagada y paulatina, como si se encontrara en un lugar cubierto por sombras arrojó de un suspiro un "bueno" acompañado de un poco de miedo e intriga por saber quien osaba marcar a su número telefónico -nunca más volí a escuchar tu voz así y en realidad creo que ese es tu tono verdadero, tu forma de ser tan aviolentada es sólo un escudo contra todos nosotros- como yo no esperaba una respuesta tan pronta me quedé callado unos segundos, luego volví en mí, y opté por lo que en ese momento me pareció la mejor salida... colgar el teléfono y huir como un cobarde de aquella situación -en ese momento no sabía que tenías identificador de llamadas y con eso sellaría mi existencia- como todo un cobarde desistí de comunicarme contigo...
Pero una segunda oportunidad se me presentó, y de manera inmediata volví a marcar tu número, esta vez nada me detendría, nada se interpondría, tenía todas las de ganar, esta vez te saludaría y dirías "bueno" y yo diría "bueno" y con eso nuestro destino estaría sellado -míranos ahora, tu leyendo esto (o eso espero) y yo escribiendo esto, ciertamente nuestro destino y futuro se selló en esa llamada- para siempre. Justamente eso ocurrió, platicamos escasos 15 minutos, dije tonterías como siempre, te hablé de un amigo -Fernando- que tenía una buena amistad con ambos -primera muestra de celos que no aclararé- y solté todo, sin conocernos, sin saber que sabor de helado te gustaba y cual no, sin saber la música que te gustaba -que cabe destacar eso fue algo que me enamoró de tí muchísimo- me aventé, a mis 14 años y con una inmadurez a flor de piel te dije "¿Porqué no andamos?" y aquí se mostró tu lado intempestivo y analítico, me explicaste porque no podíamos.
Este evento sucitó en mi un sentimiento de poder hacer lo que quisiera aunque en ese momento hubieras dejado en claro que era más probable que creyeras en Dios a que anduvieramos.
Colgé el teléfono, me fui desesperado porque fuera nuevamente lunes para verte, subí a mi cuarto, mi madre me preguntó que había hecho en el taller... no le contesté. Esperé y esperé a que nuevamente fuera lunes, mi fin de semana se convirtió en un círculo, un círculo del cual no pude escapar y ahí me di cuenta que haría lo posible -y hasta lo imposible- por estar contigo.
Llegó el lunes, me levanté a las 5 de la mañana porque no podía dormir, me bañe, me cambié, desayune, agarré el -poco- dinero que tenía guardado y me dirigí hacia aquel colegio el cual no quiero recordar su nombre, en el camino me preguntaba que te diría, que haría para que te fijaras en mi y no olvidaras que existo. En todo ese día no te dirigí la palabra -por miedo, por no saber como acercarme, por cualquier cosa- ni hice nada para que notaras mi existencia. Así pasaron muchos días, y le dije a Mauricio y a otro amigo lo que me ocurría porque me notaban muy distraido, ausente, fuera de mí... vacío. Tuve que contarles que había un nuevo sentir en mi en ese momento, les dije que me gustabas. Lo tomaron como lo que era; un enamoramiento tonto, de 14 años, de pubertos, de alguien desesperado por cariño. Así transcurrieron días, hasta que alguien me pasó tu correo electrónico -este fue otro acierto que convertí en error- desde ese momento me hice un amante del "mensajero". Esa noche me encontraba en la casa de mi papá, donde el vive, donde viven mis primos, mis tíos y demás familiares en la calle de Cuzco en la colonia Lindavista -lugar que al igual que el taller de blancos de mi mamá conocerías bien... muy bien- tomé una decisión fatídica y mortal; agregarte a mi correo electrónico. Si, era de noche, estaba solo en un cuarto de aquella casa, sin nadie que me molestara y te agregué, comenzamos la plática... una vez más puras idioteces, demasiadas diría yo, te dije a que equipo de futbol le voy, te conté de mis gustos musicales -que recuerdo a ti te gustaban o te gustan Los Pericos- y hubo algo que me enamoró en ese momento más de tí, la forma tan directa en la que me despreciabas, la manera tan nada sutil de insultarme, tu manera sádica de hacer placentero el dolor ajeno -y más el mío- tu forma de ser tan analítica, tan odiosa, tan nada romántica, tan nada simpática... Tu manera de afrontar las situaciones más adversas como el hecho de esta conversación sucitada esa misma noche:
(No pretendo reproducir la conversación tanl cual ya que fue algo demasiado estúpido, pero mírame aquí escribiendola y riéndome cada vez mas de ello y mírate a ti leyendola y poniendo atención a cada detalle de lo que escribo)
Yo: Pues no me importa, porque no mejor vas y te coges a tus pumas????
(Tu nick en ese momento era: "Sácate un ojo", es un detalle que tampoco podré olvidar ni podré decir que no me enamoró de ti...)
Jexen: Pue si, eso haré, me los cogeré y más a Kikin...
Ahora que veo en retrospectiva lo que pasó entre nosotros me doy cuenta de que eso fue para mi un reto, sabía que no podía luchar contra ti de manera cautelosa, sabía que necesitaba acercarme a ti de una manera directa, sin rodeos, sin tonterias de tiempo ni nada, me di cuenta que contra ti no se puede luchar de la misma manera en la que tu luchas, eso hubiese sido un suicidio, al contrario necesitaba ser lo más contrario a ti, necesitaba escribirte cosas, darte indirectas demasiado directas para evitar pasar por tu armadura que pretendias utilizar contra todos nostoros.
(Continuará: con un soundtrack de "Rojoazul")
Colgé el teléfono, me fui desesperado porque fuera nuevamente lunes para verte, subí a mi cuarto, mi madre me preguntó que había hecho en el taller... no le contesté. Esperé y esperé a que nuevamente fuera lunes, mi fin de semana se convirtió en un círculo, un círculo del cual no pude escapar y ahí me di cuenta que haría lo posible -y hasta lo imposible- por estar contigo.
Llegó el lunes, me levanté a las 5 de la mañana porque no podía dormir, me bañe, me cambié, desayune, agarré el -poco- dinero que tenía guardado y me dirigí hacia aquel colegio el cual no quiero recordar su nombre, en el camino me preguntaba que te diría, que haría para que te fijaras en mi y no olvidaras que existo. En todo ese día no te dirigí la palabra -por miedo, por no saber como acercarme, por cualquier cosa- ni hice nada para que notaras mi existencia. Así pasaron muchos días, y le dije a Mauricio y a otro amigo lo que me ocurría porque me notaban muy distraido, ausente, fuera de mí... vacío. Tuve que contarles que había un nuevo sentir en mi en ese momento, les dije que me gustabas. Lo tomaron como lo que era; un enamoramiento tonto, de 14 años, de pubertos, de alguien desesperado por cariño. Así transcurrieron días, hasta que alguien me pasó tu correo electrónico -este fue otro acierto que convertí en error- desde ese momento me hice un amante del "mensajero". Esa noche me encontraba en la casa de mi papá, donde el vive, donde viven mis primos, mis tíos y demás familiares en la calle de Cuzco en la colonia Lindavista -lugar que al igual que el taller de blancos de mi mamá conocerías bien... muy bien- tomé una decisión fatídica y mortal; agregarte a mi correo electrónico. Si, era de noche, estaba solo en un cuarto de aquella casa, sin nadie que me molestara y te agregué, comenzamos la plática... una vez más puras idioteces, demasiadas diría yo, te dije a que equipo de futbol le voy, te conté de mis gustos musicales -que recuerdo a ti te gustaban o te gustan Los Pericos- y hubo algo que me enamoró en ese momento más de tí, la forma tan directa en la que me despreciabas, la manera tan nada sutil de insultarme, tu manera sádica de hacer placentero el dolor ajeno -y más el mío- tu forma de ser tan analítica, tan odiosa, tan nada romántica, tan nada simpática... Tu manera de afrontar las situaciones más adversas como el hecho de esta conversación sucitada esa misma noche:
(No pretendo reproducir la conversación tanl cual ya que fue algo demasiado estúpido, pero mírame aquí escribiendola y riéndome cada vez mas de ello y mírate a ti leyendola y poniendo atención a cada detalle de lo que escribo)
Yo: Pues no me importa, porque no mejor vas y te coges a tus pumas????
(Tu nick en ese momento era: "Sácate un ojo", es un detalle que tampoco podré olvidar ni podré decir que no me enamoró de ti...)
Jexen: Pue si, eso haré, me los cogeré y más a Kikin...
Ahora que veo en retrospectiva lo que pasó entre nosotros me doy cuenta de que eso fue para mi un reto, sabía que no podía luchar contra ti de manera cautelosa, sabía que necesitaba acercarme a ti de una manera directa, sin rodeos, sin tonterias de tiempo ni nada, me di cuenta que contra ti no se puede luchar de la misma manera en la que tu luchas, eso hubiese sido un suicidio, al contrario necesitaba ser lo más contrario a ti, necesitaba escribirte cosas, darte indirectas demasiado directas para evitar pasar por tu armadura que pretendias utilizar contra todos nostoros.
(Continuará: con un soundtrack de "Rojoazul")
eeeeeeeeeeeeh
ResponderEliminar1
"era más probable que creyeras en Dios a que anduvieramos..." me enamoro cada vez más de esta historia... atte. Kien más... si no solo un personaje ficticio de historias ficticias en un lugar ficticio ...
ResponderEliminarEnamórate cada vez más de la historia, de los personajes, de la trama, de lo estúpido que eran ambos. De lo mucho que -más adelante- ambos se amában.
ResponderEliminar:)
Gracias personaje ficticio de historias ficticias en lugares ficticias pero sin amor ficticio. Gracias Totales.