martes, 13 de abril de 2010

Una estrella, el sol y yo.

Era -aproximadamente- la 1:00 de la mañana, estaba estudiando mi materia de derecho romano, luego de haber leído un poco de derecho penal. No había nadie en mi casa -porque mi papá se había quedado a cuidar a mi tía Angelita que está muy enferma y mi mamá y hermana se quedaron con mi abuelita- sólo estaba yo y me encanta estar solo, y más cuando se presenta la posibilidad de estar solo en mi casa. Como mi cuerpo no resistía más el cansancio y la fatiga de haber estado despierto desde las ocho de la mañana, me exigía dormir un poco; me alisté para hacerlo, guardé mis libros y cuadernos en mi mochila, destendí las sábanas de mi cama, acomodé las almohadas, desenrrollé las cortillas, cerré la ventana e hice todo lo consiguiente para poder dormir un poco. Ya recostado en mi almohada preferida -porque me declaro discriminador de almohadas, siendo una mía rosa muy suave que tengo mi preferida- me di cuenta que no desenrrollé correctamente la cortina izquierda de mi ventana, que se encuentra posicionada de tal manera que impide el paso de la luz que proviene de los departamentos de la torre contigua, se podía ver el apartamento de enfrente, cuya luz a esa hora se vuelve cegadora, cuando me di cuenta de este fenómeno, de manera inmediata tuve un reflejo que provocó desviar la mirada hacia cualquier lugar que no tuviera esa luz impactante, el resultado; elevar la mirada al cielo... Fue un cielo que jamás miré, y que jamás creí mirar, se encontraba totalmente liso, sin una sola nube a la vista, desde la posición en que me encontraba -para aderezar la situación- se podía videar una estrella muy a lo lejos, destellando, brillando como un barco que se encuentra a la deriva del mar, desesperado, buscando un puerto para descansar un poco. Encendí un cigarrillo para amenizar -más- la noche -mi tío Modesto me ha regañado fuertemente ya que mi manera de fumar ha incrementado considerablemente...- un Marlboro rojo cumplió su cometido, todo se encontraba en penumbras, totalmente obscuro mi cuarto, la luz del apartamento se apagó dejándonos solos a mí, la estrella y la luz que la combustión de la nicotina, el monóxido de carbono y el alquitrán provocaban, este incendio sucitado en el medio de mi cama, hacía parecer la luz de mi cigarro como el Sol, tenía justo lo que quería, una estrella para mi solo, el Sol en mi cuarto, soledad.
En conclusión ha sido de las mejores noches que pasé.

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