martes, 27 de abril de 2010

Golpes de suerte.

"El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio[...]"
-Amado Nervo.

Las situaciones, las palabras, las acciones, las omisiones, las decisiones se vuelven con cada segundo que pasamos sobre este planeta más y más complicadas y comprometedoras. Se vuelve más obscura la existencia. A veces miramos las cosas irse, dejarnos, alejarse y nosotros como estatuas las miramos sin hacer nada. A veces eso es bueno, a veces es malo, a veces va más allá del bien y del mal (como diría Nietzsche).

Eso por una parte. En otra tónica, aunque con cada momento y decisión confirmo que la vida se obscurece con cada segundo que paso en ella, hay destellos, hay felicidad, hay sonrisas hay... golpes de suerte:

"Ese lugar está ocupado", así empecé ese día. Sonreí. Sonreiste. Sonreimos. Pasó la clase (que no vale ni la pena mencionar). Temblaba, secaba el sudor de mis manos con mi pantalón, dudaba si recordarías lo que prometimos unos días atras. Secaba mi frente con la manga derecha de mi sueter. Y sin pensar (pocas cosas las hago sin pensar; normalmente hago un juicio valorativo en cuanto a todas mis acciones) saqué las papas fritas que un día antes mi hermana había ido a comprar a la tienda de la esquina en la calle en la que vivimos y te las entregué, no quise mirar tu rostro, ni tus ojos, no quise saber nada. Ni como te sentiste en ese momento, no quise saber con sólo mirar tu boca lo que pasó por tu mente en ese momento, preferí quedarme con la sonrisa que yo te dí y divagar en tus posibles respuestas. Salimos del salón de clases (no podía soportar un segundo más ahí) me notaba a mi mismo apresurado, nada cauteloso, golpeando a todos (creo que si empujé a varios estorbos) deseando ya salir de ese salón.
Ya afuera, entre risas, canciones de chicos malos, saludos, miradas perdidas, miradas encontradas, el sol golpeando con toda su fuerza, compramos dos chocolates. Nos dirigimos hacia el lugar que nos serviría de mesa y silla al mismo tiempo, optamos por un lugar a la vista pero apartado, solitario pero con gente, frío pero con rayos de sol, nuestro pero de todos. Ese lugar nuestro pero de todos destelló algo mágico, algo "fuera de serie". Ese lugar estoy seguro es místico. Entre plantas y concreto en el interior de la universidad en la que estudiamos nos sentamos, fue tan relajante sentir el ambiente tranquilo sin presiones (aunque nuestra manera de medir el tiempo sea en sí misma estresante y desesperante). Entre canciones, chocolates, papas fritas, risas, sonrisas, sonrojamientos, venganzas, deleites se nos fue una tarde para mi memorable, sólo media hora me bastó para darme cuenta, con treinta minutos tuvo mi mente y mi corazón para asegurar lo que estaba divagando en ellos. Pedazo de chocolate, risa, Muse, pápa frita, más risas, sonrojamiento. Y con cada risa tuya mi alma y corazón se llenaba y se alimentaba de una felicidad casi desconocida por mi. Pedazo de chocolate, risa, The Beatles, pápa frita, más risas, sonrojamiento. Y con cada mirada que depositabas en mis ojos, mis ojos volvían a la vida y sentía que tus ojos eran mis ojos y que nuestros ojos eran sólo nuestros ojos, y sentía que nuestros labios sería nuestros labios por siempre.
Llegó la hora de la entrada a tu siguiente clase, feliz y emocionado por el momento te escolté a tu siguiente clase. La tarde nuevamente no apestaba a suicidio. Conversaciones vagas sobre mi problema con mi hermana, pero eso no arruinó la tarde.
Te despediste, me despedí, me miraste, te miré, te besé en el cachete, me besaste en el cachete y con esto no quiero decir que haya sido monótono, ¡Al contraio!
Me rodeaste, por mi izquierda, te fuiste a tu clase, tu boca aún olía a chocolate, tu mano a cigarrillo, cuando te despediste logré mirar dentro de tu ojo izquierdo, ¡No había vacio! Te fuiste. Me fui.. Nos fuimos.
"Hubo algo diferente en esta ocasión" me fui pensando, algo completamente distinto, algo distintivo y significativo, por fin pude mostrar mi verdadero yo sin necesidad de hacer uso de la máscara de la persona pedante, presuntuosa, odiosa de la que me valgo para "proteger" mi persona. Espero ella también se haya sentido en armonía, espero ella tenga la sensación de que nada es casualidad sino causalidad.
Hasta la próxima Srta. C. Hasta que el siguiente golpe de suerte nos vuelva a unir.

Ciertamente la vida se obscurece mientras crecemos, pero ayer brilló...

3 comentarios:

  1. Nueva entrada... y ¡No es suicida!
    ¡Voy bien!

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  2. Me encanto tu golpe de suerte!
    no me había dado cuenta que la señorita carbajal causaba tanto en ti

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